La Era Dimash (oficial)

Esta página se dedica a difundir la música, arte y cultura de Dimash Qudaibergen, el objetivo es que el mundo entero disfrute y comparta , no sólo su música, sino también su ejemplo de vida, valores y su integridad como ser humano.

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jueves, 24 de marzo de 2022

EN LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO CONCEPTO (Segunda parte) - Por Carmen Sandoval y Carlos Rivadeneira.

 


Continuemos entonces con una segunda entrega para acercarnos a ese “nuevo concepto”.


En la primera parte desarrollamos dos cuestiones que bien podrían ajustarse al paradigma que resulta Dimash: su talento y la similitud con las aptitudes de grandes artistas de un pasado no muy lejano; y su belleza, la cual no se acota con exclusividad a un simple estudio superficial.

Para llegar a una conclusión y de acuerdo a lo hablado con Carmen Sandoval (la autora intelectual de esta columna), intentaré primero adentrarme en una materia que considero de vital importancia dentro de un espíritu influyente: su línea de pensamiento.

 

 

Pienso, luego Existo

 

Sin entrar en tecnicismos demasiado complejos ni enumerarlo en sus diversas categorías, podemos referirnos al pensamiento como un cúmulo de procesos mentales, que a su vez son un esquema de reflexiones que interactúan entre si (recuerdos, ideas, etc.). Conviene aclarar que los pensamientos no están desapegados de las emociones y por tal en la creación de los mismos, se convive con el sentimiento individual.

Ahora, y en correspondencia a dicha apreciación: ¿en que podría derivar el análisis propio de un influencer al trasladarse hacia el razonamiento colectivo?

Si observamos, existe una infinidad de personas de amplio acceso a las multitudes que comunican a través de las redes sociales su preocupación en asuntos relacionados a la política, la religión e incluso lo ideológico, ocasionando divisiones irremediables entre quienes coinciden en tales discusiones y sus detractores. Por otro lado y por citar un ejemplo, la labor critica que realizan especialistas, acreditados o no, en el análisis de los derivados del arte en el terreno de lo visual, digamos cine, televisión o servicios de streaming, también generan polémicas que surgen, no sólo estrictamente en base a gustos y preferencias, sino además porque en la actualidad pareciera entreverse una “politización” en las películas y las series con lo cual se fragmentan las opiniones, y quizás, resulte aun mas difícil coincidir. A su vez podemos incluir a youtubers que tienen gran notoriedad en inmensas cantidades de niños y jóvenes de manera que producen en ellos una simpatía coincidente en tendencias de moda.

Pues bien, en este punto utilicemos momentáneamente un concepto psicológico.

Profesionales de la neuropsicología diferencian el “coincidir” con alguien, de una razón más profunda, que es... “conectar” con alguien.

Aquí es donde aparece Dimash.

Como figura mediática (que lo es), Dimash logra conectar con su público al transgredir diversas barreras entre las que se encuentran los de la música y la apariencia. Aclaro que para experimentar ese tipo de unión, debiera existir algún nivel de proximidad: conocer una persona en la calle o en un trabajo, o cuando menos mantener un diálogo en cualquier variante posible, dígase whatsapp, chat o zoom, y es ahí donde radicaría el proceso vinculante.

Sin embargo, la comunidad Dear pareciera no precisar de ello.

Al exteriorizar su pensamiento (o por lo menos parte de él), Dimash expresa valores y utiliza palabras de forma tan natural, carismática y apasionada, en especial por su juventud, que resuenan en el interior del oyente y encienden esa conexión. Así entonces, al descubrir a Dimash, el nuevo Dear se sorprende con su voz, se impresiona con su talento y al progresar en ese hallazgo hacia la idiosincrasia de dicho fenómeno, encuentra un reflejo de su propia integridad, representada en ese joven cantante. Se produce una comunión equivalente que supera las expectativas originales de deleitarse con una voz excepcional y deja lugar a una afinidad, reservada a encuentros prodigiosos en la vida.

 

En definitiva, pueden generarse diferencias en cuanto a las “coincidencias” que giran en torno a Dimash, de hecho el fandom en ocasiones se divide en opiniones que son válidas de acuerdo a ciertos puntos de vista, pero esa “conexión”, creo sin temor a equivocarme, puede estar presente en los corazones y el intelecto de cada entusiasta admirador.

Y no digo que sea una condición exclusiva de Dimash, pero ese tipo de influencia debe distarlo de una gran cantidad de personalidades influyentes en los medios.

 

Sobra decir que, como me es imposible tener una noción precisa de lo que piensa Dimash, elaboro estas conjeturas de acuerdo a lo que se de él, valiéndome de algunos conocimientos básicos de índole psicológico. Sería interesante una ampliación, a cargo de un profesional, de los efectos de la psicología de conexión dentro de la comunidad Dear.

 

 

Dears para Dears

                                                                         

¿Recuerdan la definición que aplicamos en la primera parte para ilustrar a un influencer?

“...tales personas son quienes poseen credibilidad y representación en las diferentes redes sociales...”. De ahí en más iniciamos la columna, en un intento de dilucidar las distintas acciones y los resultados que obtienen esas personalidades.

En un orden similar, Dimash ha provocado en un sector de sus seguidores una serie de inquietudes que los motivan a expresar su admiración y crear dentro del fandom y en cada red social disponible, lo que podríamos llamar “vehículos de divulgación”.

Entonces... ¿se puede intuir una reproducción de los mecanismos influencers dentro de la comunidad Dear? ¿O se trata de una variante de ellos?

Trataré de expresar lo siguiente en términos objetivos.

De las pretensiones de un influencer se pueden deducir algunas metas que son absolutamente legítimas y que se encadenan con la evolución de su labor; entre ellas la necesidad de comulgar junto a otros en un mismo interés, lo imperioso de ganar popularidad para prosperar en el reconocimiento (en algunos casos además para alimentar el ego) y como consecuencia, la posibilidad lisa y llana de incrementar sus activos.

O ganar dinero, como lo prefieran.

Por experiencia personal, debo decir que sólo la primera de las tres condiciones, se cumple. Comprobé en forma directa desde la colaboración en privado, el compromiso desinteresado de mujeres que conforman diversos grupos y aporté algunos escritos para proyectos varios, que me presentaron basados en el cariño y la admiración, alejados de intenciones ego centristas.   

Ahora, ¿podría asegurar que cada “vocero” de las acciones de Dimash es funcional a dicha máxima? ¿O puede que alguno eche mano a las otras dos estrategias?

Sencillamente no lo se, mi aproximación a la intimidad de los Dears notorios, es limitada. Desconozco a la mayoría de los administradores de los canales de divulgación Dear, ya sea en Youtube, Twitter o Facebook, pero creo que en la mayoría de los casos debe impulsarlos un idéntico sentimiento de abnegación y afecto, ya que lo contrario presupone una superposición de intereses que desplazarían a Dimash del eje protagónico.

Si tenemos en consideración la importancia de la conectividad mencionada en el punto anterior, de manera espontánea deberían afectar esos valores reconocidos en Dimash, en función de un paralelismo de las propias intenciones. Si se encuentra en la humildad, la simpleza y la sencillez de él un espejo, ¿no debiera aplicarse tal reciprocidad en pos de propagar su obra?...

Y el rol fundamental para la concepción de un circuito eficiente de estos “canales” de divulgación, recae en el público.

El “subscriptor” Dear posee una condición admirable: su autenticidad. Es apasionado, expresivo y anhelante de nuevas publicaciones dedicadas a su artista favorito; y aunque a veces su vehemencia lo traicione, no pierde oportunidad de enfocar su admiración y orientarla hacia un semejante y desinteresado propósito: difundir todo lo concerniente a Dimash.   

Estaríamos frente a diligencias que dejan en claro una marcada distancia respecto de algunos métodos influencer y que se sustenta mutuamente (entre el Dear que crea un contenido y aquellos que lo visualizan y lo comparten) en una tarea donde se destaca el amor y el compromiso, logrando al fin y al cabo, que el centro de atención recaiga en Dimash y no en protagonistas circunstanciales.

Cabe aclarar que se han realizado de forma aficionada composiciones, poesías, canciones, ilustraciones y coreografías, como así también transmisiones, charlas y debates que, en cada caso, orbitan en torno a la figura de Dimash y son ejemplo de sanas intenciones de difusión.

 

Con la irrupción de Dimash en la periferia artística, y debido a su naturaleza, se aproximaron costumbres nobles a situaciones convencionales que ocurren a diario en las diferentes redes, y el ánimo de miles de personas en el mundo cobró el impulso necesario para expresarse de manera que los valores tradicionales, algo olvidados, se revaliden mediante la admiración y el afecto generados por un cantante. Intuyo un tipo de influencia, que parte de Dimash, se replica en la comunidad Dear y se abre camino en las formas de comunicación actuales.

      

                                                                                 

Conclusión

 

Podríamos arribar a un desenlace con múltiples resultados.

¿Es Dimash un influencer? Pues... creo que no.

Porque a pesar de que posee particularidades que lo situarían dentro de tal definición, (recordemos: personalidad verosímil que llega a multitudes, apariencia física favorable, etc.) también demuestra variables que lo distancian de lo estrictamente “influencer”.

Es diferente, plantea otras posibilidades sin tener la pretensión de que esto signifique un perfeccionamiento en los estilos de difusión, y aunque muchos no logren comprenderlo, es algo que se ha dado de manera... natural.

¿Se puede definir a Dimash con una única palabra que represente su influencia?

En realidad no... Porque pueden ser varias.

No obstante que la gran mayoría de Dears reaccionan en un principio frente a la cualidad más notoria de Dimash, la cual es su voz, luego se presentan otras que refuerzan ese magnetismo originario y alinea las vivencias e inclinaciones de cada oyente en paralelo a las loables pautas que el joven kazajo demuestra de pie sobre el escenario y que se han desarrollado tras muchos años para depositarlo en dichas circunstancias.

Si me preguntan, puedo asegurarles que soy un profundo admirador del talento de Dimash. Pero su voz, su estilo, incluso las bellas canciones que ejecuta en su exquisito registro vocal, no son producto de la casualidad ni de un giro afortunado, sino de una característica suya digna de imitar: el sacrificio.

Independientemente del don que lo acompaña, Dimash es constante en manifestar un compromiso hacia su carrera; desde la infancia que se consagra al aprendizaje y la formación relacionada a la música y el canto, es considerable el arduo trabajo que realiza para brindar nuevas y pulidas obras, hace de la responsabilidad y la dedicación unas materias de edificación diaria, y dentro de esos parámetros transmite un mensaje que es claro y comprobable: nada se logra sin esfuerzo.

Y es en ese aspecto donde su influencia resuena en mi interior.

Sería difícil reducir a una sola palabra la experiencia multitudinaria y dinámica acaecida en el sentimiento Dear, corresponde al lector ubicar a este prodigio dentro de un “nuevo concepto” e identificar esa cualidad que refleja a Dimash en la valoración representativa de cada uno.

 

 

Sin más para agregar, agradezco inmensamente a Carmen Sandoval el haberme ofrecido este proyecto, y espero que lo escrito esté a la altura de las expectativas.

Como siempre, gracias a ustedes por estar del otro lado y los esperamos en una próxima columna.

¡Saludos Dears!

martes, 4 de enero de 2022

KALACHI - Por Carlos Rivadeneira



 
Mi nombre es Kalachi.

Tengo seis u ocho años más o menos y la verdad… es que no me siento muy bien.

Estoy asustado... parece que me enfermé de algo.

Quizás enferme de algo terrible, ¡o aun peor!, puede que se trate de los fantasmas…

Les cuento.

Mi mamá desapareció un día cuando yo era un bebé y a mi papá no lo conocí.

Mi hermana Aiday de quince años se fue a vivir con una familia y no la he vuelto a ver, mi hermano Bulat murió a los veinticuatro años, lo encontré muy lastimado en el camino y ahí se quedó para siempre.

En el corazón, se acumulan las tragedias que hubo en mi vida, pero también atesoro todo el amor que recibí.

 

Por cierto, me olvidaba... soy un gato.

 

Aiday es hermosa y recibió su nombre por una mancha blanca en su cara negruzca, que se asemeja a la luna. Siempre me fascinaba verla. Delicada al caminar, siempre distinguida, radiante; pero debo admitir que a pesar de mis intentos por llamar su atención jamás recibí su cariño, porque a decir verdad, nunca me quiso demasiado.

Con Bulat era distinto, ¡cuánto amaba a mi hermano!, era valiente, intrépido, muy fuerte y cariñoso. Me enseñó a correr y a trepar con destreza, me divertía cuando intentaba atraparle la cola y él me mordía con ternura, a veces me enseñaba a atrapar algunos bichos y me decía: “Kalachi, nunca desvíes tu mirada de la presa” y cuando nos tumbábamos a tomar sol su pelaje gris brillaba como el acero, como su nombre.

Lo extraño mucho, desde que no está conmigo me pongo a llorar con tristeza y mi cuidadora me trae un cuenco con süt recién ordeñada, entonces mis bigotes quedan blancos o me da trocitos de carne porque cree que tengo hambre. Y aunque en ocasiones es cierto que pido comida, en otras tantas siento la soledad y la pena que me produce la ausencia de Bulat.

Porque era mi hermano, era mi amigo.

 

¿Les hablé de mi cuidadora?

Es una niña muy joven y bonita, para ser humana digo... También es muy dulce, quizá por ello se llama Sheker y fue quien me bautizó como Kalachi. Llevo el mismo nombre que el pueblo en donde vivo. Decidió nombrarme así porque a mi me gusta mucho dormir.

¿Y que tiene que ver eso con ésta aldea?

Pues que la gente se queda dormida...

Y no hablo de cuando los humanos se tumban a dormir por las noches, sino ¡en cualquier momento del día! Desde hace un tiempo largo, (creo) esto le ha sucedido a muchos habitantes, de hecho se cuentan historias que despiertan miedo en los niños y preocupación en los adultos. El viejo Aybek, un experimentado pastor de ovejas y narrador de historias, me contaba una noche sentado frente al fuego mientras limpiaba su pipa, sobre un pueblo vecino abandonado, de nombre Krasnogorsk, en donde según sus palabras: “Los fantasmas del pasado, han decidido permanecer en la antigua mina de uranio y sus almas sin reposo atormentan a los vivos que aun permanecemos de cara al sol. - dio una profunda calada y continuó - Envidian que podamos trabajar, cantar, sufrir y sudar; y por eso nos someten a un sueño profundo. Un simulacro de la muerte”.

Siempre lo escucho y me convida pedazos de un queso delicioso. Sus hijos y nietos se marcharon a una ciudad enorme, Almaty,  y su esposa (también según sus palabras) “lo dejó en la tierra, para protegerlo desde el cielo”. Supongo que Bulat hace lo mismo con su hermano menor y por eso disfruto de la compañía de Aybek, porque somos dos solitarios que reciben su protección de las alturas.

 

Estoy un poco mareado… ¿será porque tengo hambre? Sheker se encarga de alimentarme varias veces por día pero por ahora duerme una siesta a mi lado. ¿Ya les dije que soy flaco? y negro como la noche pero sin estrellas, con bastante pelo y una cuantas pulgas a cuestas, que no me abandonan a pesar que no las invité a quedarse. Los que si abandonaron la aldea, fueron varias manadas de humanos, asustados (creo) por el misterio que envuelve a Kalachi, y me refiero a este poblado, no a mi que apenas soy un simple gatito...

Unos hombres que vinieron de la ciudad en grandes vehículos ayudaron a transportar las pertenencias y a vaciar las casas de los objetos y de la alegría familiar.

Los hombres y mujeres que trabajaron la tierra, alzaron sus viviendas, desarrollaron la comunidad con niños y formaron este lugar con el esfuerzo y el amor que aprendieron de sus antepasados, dejaron parte de sus recuerdos y sus ilusiones en hogares que, simplemente, han vuelto a ser edificaciones sin alma.

El viejo Aybek le dijo a un señor muy bien vestido que: había nacido, crecido y tenía intenciones, cuando Alá así lo decidiese, de morir en este sitio.

Sospecho, que tarde o temprano, imitaré los propósitos del anciano...

 

¿Les conté que Aybek canta muy bien?

¡Si que canta bien!, y la verdad es que conoce muchas canciones. Una de ellas en especial despertó el interés de mi cuidadora que en poco tiempo la aprendió. ¿Cómo se llamaba?... ¡Ah si, ahora lo recordé!: “Qaragym - ai”.

A mi me gusta mucho, aunque suena un poco triste. Pero lo mejor de todo es que cuando Sheker a veces me agarra entre sus brazos para acicalarme con un peinecito, me la canta con cariño y dice algo así:

 

 


“...Qarag’ym ai

Qiylyp ùzilip qaradyn’ ai

Qarag’an qandai’ suly’

Janaryn’ ai...”


“...Niña de mis ojos

Tu belleza me deslumbra

La luz de tu mirar me cautiva...”


 

 

Tiempo atrás, en una noche que Aybek le entró duro a su botella de boldy, me dijo: “¿te cuento un secreto, pequeño amigo? Tienes unos bellos ojos verdes”. Y no se si por el vodka o por culpa de los fantasmas, ¡pero al rato se durmió! Además, como nunca me vi los ojos, puede que dijera la verdad o no.

Lo que puedo asegurarles es que además de las versiones de Aybek y Sheker existe una, interpretada por un cantante, que como decía mi hermano Bulat: “no deja indiferentes ni a humanos ni a animales”...

 

..........

 

_ ¡Ven Ini, ven conmigo! – Su pequeño hermano tenía pocos días de vida, pero era curioso y le seguía como su sombra.

_ La música es muy importante en la vida de los humanos - continuó Bulat - y creo que a nuestra cuidadora le agrada un joven que, le he escuchado decir, canta como muy pocas personas. Su nombre, creo, es Dimash, ya lo escucharás.

En ocasiones ¡ruge como un león!, pero en otras pareciera ronronear con sus cuerdas vocales, es elegante como un felino, alto y podría decirse que es apuesto, para ser un humano digo...

Kalachi parecía entender muy poco pero lo escuchaba con atención

_ Mira Kalachi, mira el horizonte - Bulat se sentó a su lado - ¿ves las praderas? ¿Son extensas, no? ¿Y que me dices de aquellas montañas? ¿Ves cuan altas e imponentes son?, debes aprender algo, todo esto que vemos hasta donde nuestra visión nos permite no es más que una muestra insignificante del tamaño que esta nación tiene. NI siquiera el águila en su vuelo majestuoso, ni aun con su vista privilegiada puede sondear la basta extensión que abarcan las maravillas de la creación, incluso mas allá de las estepas - Kalachi observaba todo, con unos ojos que aun no definían su color.

_ El viejo Serik, el perro del leñador, me relató sus antiguos viajes por distintos caminos hacia lugares muy distantes, enormes distancias que no podrías imaginar, y me dijo que junto a su amo, jamás estuvieron cerca de los limites de la tierra, ¿por qué te digo todo esto?, porque cumplimos una función.

A diferencia de lo que piensan algunos animales, debemos acompañar a nuestros humanos. Cada persona en esta aldea colabora: las manos que labran la tierra, las que extraen la leche, las que pulsan el dombra, las que cocinan en el hogar; las que tallan la madera; todas ellas aportan su grano de arena para glorificar y ser agradecidos con la vida que recibieron, y nosotros no debiéramos diferenciarnos.

Los ojos de Bulat brillaron y añadió:

_ Como ese muchacho del que te hablaba ¡Como Dimash! Que en su voz, viajan a otros países vecinos, las tradiciones y el arte kazajo. - por un momento Kalachi se distrajo para observar a su hermana y ésta, después de dedicarle una mirada indiferente, se volteó hacia otro lado

_ Tranquilo, está un poco... celosa de ti, pero con el tiempo cambiará

Kalachi le preguntó con una voz muy suave:

_ ¿Mamá?... - Bulat se tomó unos segundos en responderle:

_ Ella... debe estar recorriendo nuevos caminos, para traernos noticias del mundo que no conocemos, ¡seguro que nos sorprende a su regreso! - vio que el cachorro se ponía muy triste y unas lagrimitas asomaban a sus ojos, entonces se le arrojo encima y agregó - ¡ahora ven aquí para que pueda limpiar esa suciedad que llevas!

Empezó a lamerlo en las orejas y en la panza, y pensó por la expresión de su hermanito que si los gatos supieran como reírse, Kalachi lo haría en ese momento.

 

..........

 

Estoy un poco sucio pero voy a limpiarme después, tengo mucho sueño y me voy a tumbar debajo de este árbol de manera que Sheker pueda verme al despertarse. Podría contarles algunas otras cosas pero creo que es tiempo de descansar... Si Bulat me viera estaría orgulloso, ¡estoy seguro, querido hermano! porque a pesar de que mi cuidadora lleva varias horas durmiendo, he permanecido a su lado.

Desde esta posición puedo ver como la aldea, con sus casas y calles desiertas desaparece y se distancia de lo que siempre fue, para convertirse en un recuerdo triste, como lo son casi todos.

Por haber sido nombrado como tal, pienso que de la misma manera que yo viví en Kalachi, Kalachi vivió en mí.

 

..........

 

El sol fue testigo de cómo la danza y la música preparaban sus maletas junto al regocijo y el calor humano, de igual manera que la cotidianeidad comunal, los susurros y los gritos a viva voz, el saludo agradable, la esperanza, los sueños y los suspiros de los amantes, las risas y el llanto, los colores, los sabores y los perfumes, abandonaban como espectros grises unas funciones, que ya no les correspondían.

El pulso que latía en las moribundas arterias de la aldea, llegó a través de las dotaciones sanitarias que acudieron aquel día, y que trabajaron en distintos sectores para auxiliar a los lugareños.

Nadie notó a una niña que sostenía en sus brazos el cuerpo sin vida de un gatito, como nadie tampoco la oyó cantar con la voz entrecortada por la pena: “niña de mis ojos, tu belleza me deslumbra, la luz de tu mirar me cautiva”...

Kalachi por su parte ya no oía la voz de Sheker, ni apreciaba su tacto, ni compartía su calor, porque en esos momentos corría aferrado con fuerza al lomo de su hermano, que se desplazaba con la energía del viento por unas praderas de belleza sin igual en dirección a su destino final.

Y por primera vez en su existencia, Kalachi, se oyó reír con la inocente y cristalina risa de un niño.

 

 

 

Fin

 

 

En el año 2013, en la localidad rural de Kalachi (Kazajstán), se detectó el primer caso de un hecho misterioso que atormentó a su población durante algunos años: de manera inexplicable la gente se quedaba dormida...

Estos hechos podían ocurrir en cualquier momento y por ello las situaciones cotidianas se vieron afectadas drásticamente. Las minas de uranio abandonadas en la región aledaña de Krasnogorsk fueron las primeras en suscitar sospechas que atemorizaban a los habitantes. Con el tiempo los representantes de la salud, y descartando la posibilidad de una “narcolepsia colectiva”, obtuvieron una respuesta: no se trataba de radiación sino de una combinación específica entre las maderas que servían de estructura en las minas y el agua que se filtró en ellas, cuya combinación, da como resultado grandes cantidades de monóxido de carbono.

Entre mediados del 2015 y mediados del 2016, las autoridades gubernamentales decidieron re localizar a los habitantes de Kalachi.

En ese último lapso temporal, estaría ambientado el relato.

Especialistas veterinarios indican que en sus primeros dos años los gatos experimentan un crecimiento acelerado en equivalencia con la edad humana, entonces seis u ocho años humanos significarían cuatro meses de vida en un pequeño gatito.

Esa es la verdadera edad de nuestro protagonista: Kalachi.

 

Gracias a Irina Wagner por su colaboración desinteresada en este proyecto con su aporte en todo lo relacionado a las palabras y nombres kazajos.

Gracias a Natsume Soseki por escribir en el año 1905 su novela “Soy un Gato” e influenciarme con su obra.

Y gracias a ustedes por acompañarnos en la tetralogía que culmina con éste texto, para cerrar el ciclo “Serie de Historias Imaginarias: Dimash Against Evil”.

El relato está centrado en la figura de Dimash, inspirado en la canción “Qaragym - ai”, dedicado a los oriundos de Kalachi y a la población de Kazajstán en general.

Es mi manera de agasajarlos en el mes que celebran el día de su independencia.

 

Y gracias a ustedes, por estar siempre del otro lado

Que tengan un excelente fin de año y sean muy felices junto a sus seres queridos.

¡Saludos Dears!

viernes, 28 de mayo de 2021

VOTOS CONYUGALES - Por Carlos Rivadeneira

 


Había un sentimiento que consolidaba el matrimonio de María y José: el desprecio mutuo.

¿Cuánto era el tiempo necesario para depravar el alma y en consecuencia transitar como un par de entes apáticos que se retroalimentan de cada vicio y de cada perfidia floreciente, incrementados por los que se conocen demasiado? O lo que es peor aún, ¿Hasta qué cumbres oscuras se eleva esa perversión que resulta tan dañina como certera cuando se produce entre dos que en alguna oportunidad se amaron?

Votos matrimoniales que se tuercen y desfiguran a sus esponsales en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad.

Y hasta que la muerte los separe…

 

………

 

1- María y José

 

_ MI-LA-SI-RE-DO-SI-DO

María recitaba con el mismo entusiasmo y afinación de quien deletrea el abecedario. El accidente la había dejado recluida en una silla además de llevarse gran parte de su lóbulo frontal como casi todo su extenso vocabulario, porque la sección cerebral encargada del habla (conocida como área de Broca) había sido dañada sin reparo posible.

A diferencia de José, siempre fue una mujer que supo estremecerse en los brazos del arte, con las caricias de la música ante todo. Acaso por ello esas notas musicales subsistieron protegidas en la región temporal de su cerebro para actuar como un rústico sistema de expresión oral, único medio para transmitir emociones como la alegría… o el temor.

 

_ MI-LA-SI-RE-DO-SI-DO

Las nubes reflejaban en su tenebrosa carga gris el espíritu de José mientras el chillido de la silla y la perorata de su esposa le machacaban una consonancia persistente y fastidiosa. Suponía que aquella cháchara repetitiva que María pronunciaba no era otra cosa que alguna melodía aprendida en sus clases de piano.

Y en parte era cierto pero no del todo.

Nunca le interesó la música ni nada que tuviera que ver con ello, era un hombre básico en emociones, que por haber vivido entre los bastidores de un mundo de dígitos, valores y finanzas había dedicado sus dones al exclusivo arte de realizar dinero en cantidades suficientes para vivir holgado en lo económico y sin la más mínima empatía por los pobres imbéciles que perdieran los sueños además de la riqueza al haber depositado todo en sus inescrupulosas manos.

Sonreía ante el recuerdo de un joven José: apuesto, insaciable y sagaz.

Belleza

Ambición

Astucia

El cóctel psicopático de los dioses.

 

_MI-LA-SI-RE-DO-SI-DO

Un hilillo de saliva se deslizaba al ritmo de aquel mantra por las comisuras de la boca de María; lenta y viscosa protesta de un cuerpo maltrecho e inactivo que desde una íntima manifestación reclamaba por algún giro inesperado, liberador.

El pecho le quemaba con el deseo de exteriorizar la libertad que debió reclamar muchos años atrás, cuando aún el accidente no era otra cosa que un boceto indefinido en la bitácora de su destino y la torpeza de su corazón ya no le indicaba hacer lo contrario a sus relegados sentimientos, tanto tiempo sometidos a una balanza encargada de equilibrar las insuficiencias amorosas con el bienestar material, manipulada por una entidad fría, marmórea y tan ciega e ineficaz como la Justicia.

El regocijo que le permitió evacuar el coágulo que obstruía las arterias de su matrimonio infeliz llegó con el trino de una voz, fue como si sangre fresca respondiese la solicitud de oxigeno a un asfixiado corazón.

Encontró que otras personas alrededor del mundo legitimaban el efecto catártico derivado de aquella voz. La gama de testimonios iban desde el simple y puro deleite del arte en su máxima expresión al progreso paliativo de enfermedades con diferentes intervalos de experiencias, intercaladas de acuerdo a cada caso pertinente. Del proceso a través de las obras de ese intérprete, crecieron las alas que María necesitara para remontar vuelo hacia su autonomía y mediante una de esas canciones, prolongaría su ascenso hacia las alturas idílicas mientras que la vida vertiera con su cuenco el óleo dorado que destila del ensueño sobre el soplo de la memoria emotiva.   

 

_MI-LA-SI-RE-DO-SI-DO

José tomó de uno de sus bolsillos un paquete de pastillas de menta y se llevó una a la boca, estos dulces lo acompañaban desde que decidiera abandonar el hábito del cigarrillo por convicción propia y a fuerza de una voluntad admirable. Algún apoyo terapéutico podía intentar ayudarle a renunciar al vicio pero no a desistir de las malas costumbres.

Para ello se necesitaban cojones. Y para no conmoverse con el panorama ante sus ojos también.               

El paisaje exhibía una arquitectura natural digna de otro planeta, los colores que ostentaban las irregulares elevaciones variaban del azul a tonos grisáceos y rojizas extensiones que fundían sus tonos en depresiones anaranjadas y pendientes ocres que dependían de una caprichosa aparición solar. Tras fruncir su nariz, porque el aire debía haberse perfumado con notas de azufre para darles la bienvenida, se volteó para ver tanto a su esposa como a su vehículo y no le sorprendió hallar a ambos en una misma posición. No obstante su automóvil, a diferencia de su entumecida mujer, danzaba como un espejismo en la distancia. Estaban en un sitio vedado para casi todo tipo de turistas pero sus influencias le permitieron un acceso de privilegio. Un momentáneo resplandor en el cielo le llamó la atención y observó como los nubarrones que les escoltaron durante su travesía fluctuaban en un floreo misterioso de contraposiciones; porque si el arquitecto de aquel paraje untó sus manos con una complejidad de colores y relieves para luego frotarlas en la tierra, lo mismo emulaba el sol en una bóveda que intentaba plagiar el caos de belleza reinante a sus pies.

José pensó que paradójicamente en ese simulacro alfarero de la creación, tendría fin la vida de su mujer.

 

2- Keh’Did y Nak’Tly

 

Desde un tapete de constelaciones que le brindaban sosiego, Garuda escudriñaba el coliseo de bóvedas formadas con diminutos cristales de hielo, gradas de consistencia gaseosa y columnas de suspendidas gotas de agua. Atento a los incidentes que estaban por suceder desplegaba unas opulentas alas que amenazaban ocultar al sol. Las huestes espirituales que conformaban el tribunal elegido estaban al tanto que el dios de las aves se mantendría al margen en esta tragedia como en tantas otras oportunidades y no habría impedimento para que el grupo de insurrectos sufriera un castigo acorde a la transgresión infame de sus actos.

Se amaban con locura, y morirían por ello.


Entre el clan de los Cygnus, sobresalía el guerrero Keh’Did. Símbolos entrelazados aun más pálidos que su piel le enmarcaban el rostro y se prolongaban en los laterales de su cabello. Detrás de él, la comitiva de condenados bailaba la danza ritual de los exhaustos envueltos en túnicas carmesí que contrastaban con el níveo matiz de sus cuerpos alados y en sus delicadas plumas se realzaba el rocío que sus movimientos levantaban del lago enclavado en el centro de aquel traslúcido anfiteatro.

Próximo a su ser, Keh’Did sentía la suave ondulación de su razón de existir: Nak’Tly.

 

Una cascada de rizos color avellana se despeñaba desde su cabeza en caída libre mas allá de su esbelto cuello y de la curva de sus pechos en un celoso intento de contener la hermosura de sus rasgos. Nak’Tly levitó hacia Keh’Did, necesitaba una caricia de su amado para nutrirse del contacto con su piel, para oír el palpitar de su corazón. Quizá por una última vez.

Al abrigo de los brazos de Keh’Did, sus ojos azules presenciaron la aparición de figuras oscuras y feroces que se materializaban en el aire como un presagio de la inminencia de su desdicha, que una vez erguidos en su monstruosa apariencia esperaban entre resoplidos el permiso del tribunal para iniciar el hostigamiento.

El joven Cygnus aproximó su rostro a Nak’Tly y le dijo:

_Mírame a los ojos, estoy atado a ti y sin tu amor nada me es necesario, no concibo una soledad tan penosa como la que podría sufrir con la ausencia de tu calor. Como bien sabes, los Cygnus no pueden vivir separados, hare todo lo posible para mantenerte con vida aun a expensas de la mía – se tomó un momento para secarle las lágrimas con ternura – pero si no logro mi cometido dejaremos este plano uno en brazos del otro, porque nuestro amor no acabará.

A Nak’Tly le llegó una imagen distorsionada de Keh’Did, sus ojos empañados luchaban por atesorar la mejor versión de su fisonomía

_ Eres el alma de mis fantasías - le respondió ella – me tortura el corazón la sola idea de extrañarte, por favor, entrégate. Prolonga tu vida y desiste de esta insurrección, recuérdame en tus sueños e imagina que me tomas a mí y no a otra, cobíjame con tu amor y apresúrate para abandonarme a mi destino.

El negó con firmeza y sus instintos le permitieron resguardarla con velocidad en el momento que una cercana explosión seccionaba las alas de un miembro de su séquito.

 

Las descargas que fracturaban este ciclo privado del espacio y el tiempo encontraron un receptáculo varias dimensiones por debajo de aquel campo de batalla incorpóreo. Una tierra provista de formas y colores ambiguos en el mundo de los mortales funcionaría como vertedero de la sangre inocente derramada.

Un pavoroso temblor anticipó la resonancia de las trompetas celestiales y como un principiante atemorizado frente a una tarea desconocida, José aprendió a conmoverse con el sonido de una melodía.

 

3- Principio y Fin

 

El primer rayo impactó a una distancia alarmante.

La sorpresa que produjo en José dibujó en su rostro la misma expresión que tendría si un extraño le hubiese palmeado el trasero, no estaba acostumbrado a que lo tomaran desprevenido a ningún nivel jerárquico y sin importar que la procedencia de la humillación fuese de este mundo o no. Sonidos que no podía especificar pero que sugerían algún tipo de contienda vibraban desde un punto indefinido en el cielo.

Una segunda sacudida levantó piedras y arena que lo golpearon en la cara y retrocedió tambaleante hacia una dirección incierta para que su cuerpo fuese acogido por un nuevo sobresalto; una embestida como un tren fuera de control le pegó en el pecho y momentáneamente le concedió uno de sus escasos sueños: la habilidad de volar.

 

(Keh’Did estrujó el cuello de la bestia y ambos cayeron en medio de una prensa mortal que iniciaba su transgresión a otro estado de la materia, a otro campo de batalla. Con sus enérgicas alas planeó sobre un terreno árido y antes de impactar en el suelo le pareció ver a una dama en un carruaje monoplaza, decidido a evitarla modificó su curso y en esa alteración de rumbo un hombre de cabellos blancos fue víctima de su aterrizaje accidentado.

En el roce con ese humano se produjo un intercambio espontáneo, indefinible,  para que las cargas que apresuraban el amor y el odio en sus corazones encontrasen un equilibrio que los vinculara en los límites donde el terror oscila su péndulo entre la vida y la muerte.

Una alianza no implícita, una confusa parodia de la luz y la oscuridad hundida en una anarquía de improbabilidades, floreció en dos hombres igual de ardientes pero con pecados tan enemistados como el bien y el mal.)

 

Desde un punto de vista objetivo y metódico José había planificado sus vacaciones con lujo de detalles incluido el asesinato de su mujer, aunque en su itinerario no figuraba el choque de fuerzas desconocidas que pudiera costarle la vida.

Como tampoco contaba con una transferencia en sus sentimientos.

Con el torso adolorido, preso de la confusión quiso acercarse a María para corroborar su estado de salud, pero lo que ocurría varios pasos detrás de ella le congeló la sangre. Eso no era posible.

Un espécimen alto y bello como un semidiós, acaso dos metros por encima de una estatura estándar, le arrancaba la cabeza a una bestia negra de dimensiones aún mayores

_“¿Qué demonios está ocurriendo?...” –murmuró algo que se suponía solo escucharía él. Pero no fue así.

Keh’Did reconoció la palabra oscura y tras una corta carrera desplegó sus alas hacia José, pasó a vuelo rasante sobre su cabeza y se alejó en ayuda de otros congéneres.

José siguió con la vista las maniobras que Keh’Did ejecutaba, del cielo descendían columnas de fuego que con precisión quirúrgica trazaban figuras en la superficie y lo perseguían como cuando un niño cruel acecha a una hormiga con el ardor del sol a través de una lupa. El corazón de José saltaba encabritado y resuelto corrió hacia María, huirían de ese lugar, ya no importaba la enfermiza razón por la que había elegido aquel sitio, haría todo lo posible para mantenerla con vida aun a expensas de la suya.

 

(Los cañones descargaban impulsos escarlatas sobre el terreno y su cosecha era exitosa porque hendían la tierra y sembraban la muerte, el intento de resistencia de los Cygnus distaba de resultar alentador y Nak’Tly lo supo al ver que los cuerpos de varios sometidos adornaban con su descomposición esa colorida necrópolis. De repente la tomaron de su mano para llevarla en una carrera desesperada y reconoció a Keh’Did marchar a su lado, las fuerzas del guerrero mermaban y prefería reservar la energía de sus alas.)

 

El rigor de la batalla parecía desvanecerse junto a las explosiones que se derramaban como una lluvia rubí en derredor de José, el desenlace de la matanza de la cual fue testigo lo encontró derrumbado y con heridas que de a poco lo aproximaban a la muerte, una hemorragia interna le hizo expeler un chorro sanguinolento que le corrió por la camisa, y allí cayó en cuenta de que entre sus brazos sostenía el cuerpo sin vida de María.

La lividez de su rostro, la opacidad de sus ojos, el silencio de sus labios, la frialdad de su cuerpo y un corazón inanimado fueron la herencia que ella le confió en su regazo.

Le dejó todo.

Le fue fiel hasta el final. 

Recién entonces lloró tristemente porque sus asesinas intenciones se habían cumplido. Y también lloró para que su alma miserable recibiera una tardía redención: dejar ese plano, uno en brazos del otro.

El último beso que colocó en los labios de su mujer le supo tan dulce como el primero y al calor de una luz incandescente, un rayo feroz los barrió para siempre.

 

(Keh’Did luchaba por contener el llanto. Inclinado en la tierra sostenía a Nak’Tly que le miraba con una mirada asustada y vacía, con manos temblorosas recorría el rostro de su amado para moldearlo como el último de sus recuerdos. Un brillo le renovó el fatigado semblante y se iluminó con una efímera y desconocida expresión que desconcertó a Keh’Did. Ella le pidió que se acercara y el obedeció, lo miró con una expresión entre tierna y agradecida y le dijo con una extraña voz de armonía híbrida:

_ Keh’Did, ahora somos felices gracias a ti – y acercándose aun mas agregó - MI-LA-SI-RE-DO-SI-DO.

Lo besó con cariño, un halo radiante como el sol abandonó su cuerpo con el último aliento y murió en sus brazos.

 

Los Arcanos del tribunal se miraron estupefactos y alguien pregunto:

_ ¿¿Eso es óleo dorado?? - y atemorizado añadió - ¿maestro? ¿Qué signific…?

Nunca llego a completar la frase.

En ese momento Keh’Did liberaba un poder definitivo y devastador:

El Canto del Cisne.

 

 

Epílogo

 

La destrucción fue absoluta en la tierra y en el cielo.

El tribunal inquisidor, sus acólitos adulones y las criaturas oscuras fueron sacrificados a base del peor castigo: el destierro de la creación, la inexistencia incondicional.

Garuda, que era un dios de palabra, no había intervenido en un castigo que consideraba deplorable, pero esto no le impedía juguetear con los eventos adyacentes como la transmigración de los anhelos catastróficos que nacen en el corazón de humanos y seres sobrenaturales y desatan tempestades que no se ciñen a las leyes universales. En cuanto al tribunal y sus pérfidos integrantes habían recibido lo que merecían.

No hay nada que Garuda deteste más que las serpientes.

 

Desde la superficie de la Tierra, las energías inmateriales de Keh’Did y Nak’Tly volaban hacia otros lugares fusionados a dos almas deseosas de una segunda oportunidad.

Porque como bien se sabe, los Cygnus no pueden vivir separados.

 

 

Fin

. . . . . . . . .

 

En la provincia española de Huelva, Andalucía, se encuentra un lugar cargado de historia, misterio y belleza: las Minas de Riotinto. Su fantástico paisaje sugiere una semejanza con las imágenes que conocemos de las superficies tanto marciana como lunar y le confiere una extraordinaria fachada extraterrestre. Allí se grabó el video de la canción “Love of Tired Swans” (El Amor de los Cisnes Cansados) de Dimash.

 

A esa canción, por ser una de mis tres preferidas de Dimash, dedico este relato.

 

Algunas cuestiones a tener en cuenta:

·        La seguidilla de notas musicales que pronunciaba María corresponden a los primeros compases del estribillo de la canción.

·        El diálogo entre Keh’Did y Nak’Tly es una versión libre de la letra de la misma obra, adaptada obviamente a mis intenciones literarias.

·        El nombre de estos dos personajes surgen de la extracción de letras incluidas en un par de nombres que quizás les resulten conocidos: Dinmukhamed y Kanatuly...

Otras referencias las dejo a su libre albedrío con el propósito de no limitar vuestra imaginación.

 

Un especial agradecimiento para dos grandes amigos: a Martín Aguirre (¡Martincho!), exquisito compositor que con su amplia sabiduría me ilumina en cuanto a técnicas y comprensión musical; y a Juan Althabe (¡Juancho!), doctor especializado en traumatología que es mi asesor en el terreno de la anatomía, patologías, etc.

 

Este es el anteúltimo relato de “historias imaginarias” centradas en la figura de Dimash, gracias por su lectura, perdón por la extensión del mismo y los esperamos en la próxima columna.

¡Saludos Dears!