La Era Dimash (oficial)

Esta página se dedica a difundir la música, arte y cultura de Dimash Qudaibergen, el objetivo es que el mundo entero disfrute y comparta , no sólo su música, sino también su ejemplo de vida, valores y su integridad como ser humano.

martes, 4 de enero de 2022

KALACHI - Por Carlos Rivadeneira



 
Mi nombre es Kalachi.

Tengo seis u ocho años más o menos y la verdad… es que no me siento muy bien.

Estoy asustado... parece que me enfermé de algo.

Quizás enferme de algo terrible, ¡o aun peor!, puede que se trate de los fantasmas…

Les cuento.

Mi mamá desapareció un día cuando yo era un bebé y a mi papá no lo conocí.

Mi hermana Aiday de quince años se fue a vivir con una familia y no la he vuelto a ver, mi hermano Bulat murió a los veinticuatro años, lo encontré muy lastimado en el camino y ahí se quedó para siempre.

En el corazón, se acumulan las tragedias que hubo en mi vida, pero también atesoro todo el amor que recibí.

 

Por cierto, me olvidaba... soy un gato.

 

Aiday es hermosa y recibió su nombre por una mancha blanca en su cara negruzca, que se asemeja a la luna. Siempre me fascinaba verla. Delicada al caminar, siempre distinguida, radiante; pero debo admitir que a pesar de mis intentos por llamar su atención jamás recibí su cariño, porque a decir verdad, nunca me quiso demasiado.

Con Bulat era distinto, ¡cuánto amaba a mi hermano!, era valiente, intrépido, muy fuerte y cariñoso. Me enseñó a correr y a trepar con destreza, me divertía cuando intentaba atraparle la cola y él me mordía con ternura, a veces me enseñaba a atrapar algunos bichos y me decía: “Kalachi, nunca desvíes tu mirada de la presa” y cuando nos tumbábamos a tomar sol su pelaje gris brillaba como el acero, como su nombre.

Lo extraño mucho, desde que no está conmigo me pongo a llorar con tristeza y mi cuidadora me trae un cuenco con süt recién ordeñada, entonces mis bigotes quedan blancos o me da trocitos de carne porque cree que tengo hambre. Y aunque en ocasiones es cierto que pido comida, en otras tantas siento la soledad y la pena que me produce la ausencia de Bulat.

Porque era mi hermano, era mi amigo.

 

¿Les hablé de mi cuidadora?

Es una niña muy joven y bonita, para ser humana digo... También es muy dulce, quizá por ello se llama Sheker y fue quien me bautizó como Kalachi. Llevo el mismo nombre que el pueblo en donde vivo. Decidió nombrarme así porque a mi me gusta mucho dormir.

¿Y que tiene que ver eso con ésta aldea?

Pues que la gente se queda dormida...

Y no hablo de cuando los humanos se tumban a dormir por las noches, sino ¡en cualquier momento del día! Desde hace un tiempo largo, (creo) esto le ha sucedido a muchos habitantes, de hecho se cuentan historias que despiertan miedo en los niños y preocupación en los adultos. El viejo Aybek, un experimentado pastor de ovejas y narrador de historias, me contaba una noche sentado frente al fuego mientras limpiaba su pipa, sobre un pueblo vecino abandonado, de nombre Krasnogorsk, en donde según sus palabras: “Los fantasmas del pasado, han decidido permanecer en la antigua mina de uranio y sus almas sin reposo atormentan a los vivos que aun permanecemos de cara al sol. - dio una profunda calada y continuó - Envidian que podamos trabajar, cantar, sufrir y sudar; y por eso nos someten a un sueño profundo. Un simulacro de la muerte”.

Siempre lo escucho y me convida pedazos de un queso delicioso. Sus hijos y nietos se marcharon a una ciudad enorme, Almaty,  y su esposa (también según sus palabras) “lo dejó en la tierra, para protegerlo desde el cielo”. Supongo que Bulat hace lo mismo con su hermano menor y por eso disfruto de la compañía de Aybek, porque somos dos solitarios que reciben su protección de las alturas.

 

Estoy un poco mareado… ¿será porque tengo hambre? Sheker se encarga de alimentarme varias veces por día pero por ahora duerme una siesta a mi lado. ¿Ya les dije que soy flaco? y negro como la noche pero sin estrellas, con bastante pelo y una cuantas pulgas a cuestas, que no me abandonan a pesar que no las invité a quedarse. Los que si abandonaron la aldea, fueron varias manadas de humanos, asustados (creo) por el misterio que envuelve a Kalachi, y me refiero a este poblado, no a mi que apenas soy un simple gatito...

Unos hombres que vinieron de la ciudad en grandes vehículos ayudaron a transportar las pertenencias y a vaciar las casas de los objetos y de la alegría familiar.

Los hombres y mujeres que trabajaron la tierra, alzaron sus viviendas, desarrollaron la comunidad con niños y formaron este lugar con el esfuerzo y el amor que aprendieron de sus antepasados, dejaron parte de sus recuerdos y sus ilusiones en hogares que, simplemente, han vuelto a ser edificaciones sin alma.

El viejo Aybek le dijo a un señor muy bien vestido que: había nacido, crecido y tenía intenciones, cuando Alá así lo decidiese, de morir en este sitio.

Sospecho, que tarde o temprano, imitaré los propósitos del anciano...

 

¿Les conté que Aybek canta muy bien?

¡Si que canta bien!, y la verdad es que conoce muchas canciones. Una de ellas en especial despertó el interés de mi cuidadora que en poco tiempo la aprendió. ¿Cómo se llamaba?... ¡Ah si, ahora lo recordé!: “Qaragym - ai”.

A mi me gusta mucho, aunque suena un poco triste. Pero lo mejor de todo es que cuando Sheker a veces me agarra entre sus brazos para acicalarme con un peinecito, me la canta con cariño y dice algo así:

 

 


“...Qarag’ym ai

Qiylyp ùzilip qaradyn’ ai

Qarag’an qandai’ suly’

Janaryn’ ai...”


“...Niña de mis ojos

Tu belleza me deslumbra

La luz de tu mirar me cautiva...”


 

 

Tiempo atrás, en una noche que Aybek le entró duro a su botella de boldy, me dijo: “¿te cuento un secreto, pequeño amigo? Tienes unos bellos ojos verdes”. Y no se si por el vodka o por culpa de los fantasmas, ¡pero al rato se durmió! Además, como nunca me vi los ojos, puede que dijera la verdad o no.

Lo que puedo asegurarles es que además de las versiones de Aybek y Sheker existe una, interpretada por un cantante, que como decía mi hermano Bulat: “no deja indiferentes ni a humanos ni a animales”...

 

..........

 

_ ¡Ven Ini, ven conmigo! – Su pequeño hermano tenía pocos días de vida, pero era curioso y le seguía como su sombra.

_ La música es muy importante en la vida de los humanos - continuó Bulat - y creo que a nuestra cuidadora le agrada un joven que, le he escuchado decir, canta como muy pocas personas. Su nombre, creo, es Dimash, ya lo escucharás.

En ocasiones ¡ruge como un león!, pero en otras pareciera ronronear con sus cuerdas vocales, es elegante como un felino, alto y podría decirse que es apuesto, para ser un humano digo...

Kalachi parecía entender muy poco pero lo escuchaba con atención

_ Mira Kalachi, mira el horizonte - Bulat se sentó a su lado - ¿ves las praderas? ¿Son extensas, no? ¿Y que me dices de aquellas montañas? ¿Ves cuan altas e imponentes son?, debes aprender algo, todo esto que vemos hasta donde nuestra visión nos permite no es más que una muestra insignificante del tamaño que esta nación tiene. NI siquiera el águila en su vuelo majestuoso, ni aun con su vista privilegiada puede sondear la basta extensión que abarcan las maravillas de la creación, incluso mas allá de las estepas - Kalachi observaba todo, con unos ojos que aun no definían su color.

_ El viejo Serik, el perro del leñador, me relató sus antiguos viajes por distintos caminos hacia lugares muy distantes, enormes distancias que no podrías imaginar, y me dijo que junto a su amo, jamás estuvieron cerca de los limites de la tierra, ¿por qué te digo todo esto?, porque cumplimos una función.

A diferencia de lo que piensan algunos animales, debemos acompañar a nuestros humanos. Cada persona en esta aldea colabora: las manos que labran la tierra, las que extraen la leche, las que pulsan el dombra, las que cocinan en el hogar; las que tallan la madera; todas ellas aportan su grano de arena para glorificar y ser agradecidos con la vida que recibieron, y nosotros no debiéramos diferenciarnos.

Los ojos de Bulat brillaron y añadió:

_ Como ese muchacho del que te hablaba ¡Como Dimash! Que en su voz, viajan a otros países vecinos, las tradiciones y el arte kazajo. - por un momento Kalachi se distrajo para observar a su hermana y ésta, después de dedicarle una mirada indiferente, se volteó hacia otro lado

_ Tranquilo, está un poco... celosa de ti, pero con el tiempo cambiará

Kalachi le preguntó con una voz muy suave:

_ ¿Mamá?... - Bulat se tomó unos segundos en responderle:

_ Ella... debe estar recorriendo nuevos caminos, para traernos noticias del mundo que no conocemos, ¡seguro que nos sorprende a su regreso! - vio que el cachorro se ponía muy triste y unas lagrimitas asomaban a sus ojos, entonces se le arrojo encima y agregó - ¡ahora ven aquí para que pueda limpiar esa suciedad que llevas!

Empezó a lamerlo en las orejas y en la panza, y pensó por la expresión de su hermanito que si los gatos supieran como reírse, Kalachi lo haría en ese momento.

 

..........

 

Estoy un poco sucio pero voy a limpiarme después, tengo mucho sueño y me voy a tumbar debajo de este árbol de manera que Sheker pueda verme al despertarse. Podría contarles algunas otras cosas pero creo que es tiempo de descansar... Si Bulat me viera estaría orgulloso, ¡estoy seguro, querido hermano! porque a pesar de que mi cuidadora lleva varias horas durmiendo, he permanecido a su lado.

Desde esta posición puedo ver como la aldea, con sus casas y calles desiertas desaparece y se distancia de lo que siempre fue, para convertirse en un recuerdo triste, como lo son casi todos.

Por haber sido nombrado como tal, pienso que de la misma manera que yo viví en Kalachi, Kalachi vivió en mí.

 

..........

 

El sol fue testigo de cómo la danza y la música preparaban sus maletas junto al regocijo y el calor humano, de igual manera que la cotidianeidad comunal, los susurros y los gritos a viva voz, el saludo agradable, la esperanza, los sueños y los suspiros de los amantes, las risas y el llanto, los colores, los sabores y los perfumes, abandonaban como espectros grises unas funciones, que ya no les correspondían.

El pulso que latía en las moribundas arterias de la aldea, llegó a través de las dotaciones sanitarias que acudieron aquel día, y que trabajaron en distintos sectores para auxiliar a los lugareños.

Nadie notó a una niña que sostenía en sus brazos el cuerpo sin vida de un gatito, como nadie tampoco la oyó cantar con la voz entrecortada por la pena: “niña de mis ojos, tu belleza me deslumbra, la luz de tu mirar me cautiva”...

Kalachi por su parte ya no oía la voz de Sheker, ni apreciaba su tacto, ni compartía su calor, porque en esos momentos corría aferrado con fuerza al lomo de su hermano, que se desplazaba con la energía del viento por unas praderas de belleza sin igual en dirección a su destino final.

Y por primera vez en su existencia, Kalachi, se oyó reír con la inocente y cristalina risa de un niño.

 

 

 

Fin

 

 

En el año 2013, en la localidad rural de Kalachi (Kazajstán), se detectó el primer caso de un hecho misterioso que atormentó a su población durante algunos años: de manera inexplicable la gente se quedaba dormida...

Estos hechos podían ocurrir en cualquier momento y por ello las situaciones cotidianas se vieron afectadas drásticamente. Las minas de uranio abandonadas en la región aledaña de Krasnogorsk fueron las primeras en suscitar sospechas que atemorizaban a los habitantes. Con el tiempo los representantes de la salud, y descartando la posibilidad de una “narcolepsia colectiva”, obtuvieron una respuesta: no se trataba de radiación sino de una combinación específica entre las maderas que servían de estructura en las minas y el agua que se filtró en ellas, cuya combinación, da como resultado grandes cantidades de monóxido de carbono.

Entre mediados del 2015 y mediados del 2016, las autoridades gubernamentales decidieron re localizar a los habitantes de Kalachi.

En ese último lapso temporal, estaría ambientado el relato.

Especialistas veterinarios indican que en sus primeros dos años los gatos experimentan un crecimiento acelerado en equivalencia con la edad humana, entonces seis u ocho años humanos significarían cuatro meses de vida en un pequeño gatito.

Esa es la verdadera edad de nuestro protagonista: Kalachi.

 

Gracias a Irina Wagner por su colaboración desinteresada en este proyecto con su aporte en todo lo relacionado a las palabras y nombres kazajos.

Gracias a Natsume Soseki por escribir en el año 1905 su novela “Soy un Gato” e influenciarme con su obra.

Y gracias a ustedes por acompañarnos en la tetralogía que culmina con éste texto, para cerrar el ciclo “Serie de Historias Imaginarias: Dimash Against Evil”.

El relato está centrado en la figura de Dimash, inspirado en la canción “Qaragym - ai”, dedicado a los oriundos de Kalachi y a la población de Kazajstán en general.

Es mi manera de agasajarlos en el mes que celebran el día de su independencia.

 

Y gracias a ustedes, por estar siempre del otro lado

Que tengan un excelente fin de año y sean muy felices junto a sus seres queridos.

¡Saludos Dears!

miércoles, 13 de octubre de 2021

En la Búsqueda de un Nuevo Concepto (Primera parte) - Por Carlos Rivadeneira y Carmen Sandoval



 

¿Qué significa ser un “influencer”?

Una rápida investigación a través de Internet podría dar como resultado que tales personas son quienes poseen credibilidad y representación en las diferentes redes sociales, y como resultado de dichos criterios, entre cientos y millones de “seguidores” pueden tener acceso al contenido que propone cada celebridad, las cuales pueden pertenecer a esferas relacionadas a la política, el periodismo o las distintas ramas del arte. Claro que también encontramos a otros que de acuerdo a los conocimientos que engloban dentro de una materia específica, (supongamos, el cine) expresan sus ideas a manera de “comunicadores”. Lo cierto es que en cualquiera de los ejemplos mencionados existe una suerte de variables que pueden afectar de forma positiva o negativa a los espectadores, lectores, oyentes, admiradores, etc. de cada figura en cuestión y que esa relación entre emisor y receptor puede derivar en una influencia directa en la toma de decisiones y el comportamiento de un sector de la sociedad.

El poder que residía anteriormente en los grandes medios de comunicación ha encontrado en los micrófonos, los textos, las imágenes, los videos y las palabras de la generación actual nuevos exponentes que plantean formatos, perspectivas y puntos de vista que inundan las redes y transmiten un mensaje que puede ser bueno o… quizás no tanto.

Sin embargo... ¿Qué ocurre cuando una persona irrumpe en el medio y manifiesta una serie de características que parecían olvidadas? De hecho, ¿cómo podríamos definir a la “influencia” que genera esa misma persona al retrotraer valores y costumbres que exaltan la condición más lúcida del espíritu humano y se prolonga como un reflejo a otros alrededor del mundo?

¿Que definición se ajustaría a lo que provocó Dimash en quienes lo admiran?

 

 

La sugerencia de esta columna nace de una inquietud que, Carmen Sandoval desde Chile, me plantea de la siguiente manera:

“Si tenemos influencers que mediante su propuesta y popularidad llegan a un gran número de seguidores y producen diversos resultados, ¿existe la posibilidad de referirnos a Dimash en un término similar? O en todo caso, ¿se podría crear uno nuevo que simbolice su actividad?

Ante todo, conviene hacer una aclaración, no es intención de Carmen ni mía el comparar a Dimash con un influencer sino ilustrar, en base a ciertos paralelismos y diferencias, un concepto que se aproxime a su naturaleza y acciones.

Entonces, veamos...

 

 

Un Nuevo Mundo

 

Partamos de una afirmación propia: el mundo como lo conocíamos ya no existe.

Aquello que marcaba el ritmo de los intereses y la idiosincrasia para quienes hemos superado la barrera de los cuarenta, sencillamente ha desaparecido. 

El ingenio, el intelecto y la maduración se desarrollaban con pasatiempos bien diferentes de los establecidos en la actualidad. No había celulares, Internet estaba en pañales, las consolas de videojuegos eran costosas e infrecuentes, como también eran escasas las computadoras de escritorio y reservadas al ámbito laboral, no al hogareño. La televisión por cable y las primeras video caseteras eran otro lujo extra, las comunicaciones se limitaban a llamadas a través de un teléfono fijo, (considerado por muchos, hoy en día, como un aparato obsoleto) o en su defecto y de acuerdo a las distancias, mediante cartas escritas a puño y letra.

No podíamos relacionarnos en redes sociales que aun no se habían creado.

Los canales para el entretenimiento masivo eran propiedad de las emisoras locales porque faltaban muchos años para que apareciese un servicio de streaming que se llamaría Youtube, la música sonaba en un radio grabador o en un toca disco y no en Spotify, las fotos se alojaban en un álbum con folios transparentes o en una caja de zapatos, y no en Instagram ni en Facebook.

No Like. No Kwai. No Tik Tok.

Para los niños y preadolescentes esto parece ciencia ficción, pero no lo fue…

Lo cierto es que las emociones, sus derivados y la interacción con nuestro entorno (amigos, familiares, seres queridos, etc.) se transmitían en persona. Las limitaciones de aquel momento proponían en los distintos niveles de la cotidianeidad activar mecánicas que nos aproximaran para relacionarnos.

Asimismo, el arte desarrollaba sus talentos mediante atributos que acercasen, en un mismo sentido y con argumentos similares, a sus intérpretes y el público.

Por ejemplo, en muchos cantantes de la época hubo una imperiosa necesidad artística de brindarlo todo de sí en cada presentación porque:

1- Los estándares de calidad eran tan elevados en los diversos géneros musicales que precisaban diferenciarse del resto y resaltar su estilo.

2- Expresaban con sus voces un sello distintivo para que el oyente lograse de inmediato identificarlos y conectar con su música (digamos que al escuchar a Camilo Sesto o a Tom Jones, por citar algunos casos, no quedaban dudas de quien se trataba).

3- A esa variación de matices vocales distintivos le sumaban una excelente calidad interpretativa para transmitir la sensibilidad de aquello que nos estaban contando, enmarcada en composiciones que utilizaban recursos de una paleta musical elaborada.

4- Los conciertos en vivo tenían un valor importantísimo porque era una forma efectiva y directa de fortalecer los lazos con los admiradores, recibir el amor de esa multitud y retribuirles con un show a la altura de las expectativas que generaban una larga espera por una gira internacional, ya que en ese entonces no se podían ver sus recitales en ningún portal, ni descargar ese registro en vivo y en formato mp3.

¿Podríamos hacer una correlación entre Dimash y lo que acaban de leer?

Si.

En su persona cohabitan una combinación de posibilidades pertenecientes al pasado y al presente que, en parte, conformarían esa influencia que se origina en el criterio de cada nuevo Dear. Al emplear de manera refinada esos elementos que caracterizaron a las grandes voces de ese periodo musical genera una conexión emocional que nos traslada a una época en donde la música y el canto exponían cualidades prominentes.

1- A pesar de que no necesita diferenciarse (el panorama de la música actual es un tanto… mediocre) se esfuerza de forma constante para que su estilo sobresalga.

2- En un medio en donde muchas voces suenan casi idénticas a otras y no plantean originalidad, no hay ninguna manera de confundir su voz con la de otro cantante.

3- Su nivel interpretativo expresa infinidad de emociones que invitan al espectador a un paseo emotivo por canciones que varían en formas y desafíos admirables en el terreno de la composición.

Y llegamos en un punto de interés

4- A pesar de que dispone de una enorme cantidad de medios de divulgación para promover su obra, cada concierto es una experiencia sensorial en extremo a causa del despliegue incondicional que ofrece a su auditorio generando una comunión recíproca de sensaciones.

Una declaración de amor entre intérprete y espectador.

 

Dimash, en su integridad artística, recrea la excelencia del pasado en un presente que agradece sus propósitos y celebra su aparición en un tiempo en que el espectáculo se vale, casi con exclusividad, de herramientas que poco tienen que ver con la evolución del arte. 

 

Antes de pasar a una segunda cuestión, puntualizo una diferencia: no intento comparar la extraordinaria voz de Dimash a la de otros magníficos cantantes del pasado; en lo personal resultaría innecesario, artificial y excedería los límites de esta columna. Sólo acentúo que él utiliza y realza elementos que otras leyendas del canto aplicaron con maestría.

 

 

Las Apariencias (no) Engañan

 

Si decimos que Dimash nos aproxima a facetas de la música que han caído en desuso, para generar una nueva forma de influencia, sería necesario además explicar de qué manera se diferencia su exposición con respecto al resto de los artistas y cuán importante es… su imagen.

La belleza siempre ha formado parte del mundo del espectáculo.

Los hombres y mujeres agraciadas de la historia ocuparon el imaginario colectivo de generaciones enteras, de manera tal que muchas figuras trascendieron las barreras del tiempo para perpetuar su imagen entre los modelos arquetípicos de hermosura y sex appeal.

¿Es este atributo un agraviante que desmerece al talento?      

¡No! En lo absoluto. Las capacidades no están desapegadas de lo hermoso.

No tienen por qué estarlo.                                                   

En cualquier encuentro aleatorio frente a frente, el ariete de cualquier ser humano es su aspecto físico porque sin decir ni una palabra puede crear reacciones visibles que van desde lo químico hasta lo intelectual en quien lo observa, y ésta gracia se traslada a niveles ampliados cuando el propósito es nada menos que incentivar a la opinión pública.

Y que una persona tenga la posibilidad de vivir de su imagen es tan comprensible y lícito como los dividendos que genera en base a ese atractivo.

Ahora bien, si esa predisposición está relacionada sólo al modelaje tiene fundamentos consistentes: una preciosa modelo sonríe y presenta un producto de alto impacto. Simple

¿Pero que sucede con la actuación, la música y el entretenimiento televisivo?

El talento debería prevalecer, o cuando menos, asemejar a la belleza expuesta porque de lo contrario se disimularía en un envase impactante la pobreza de contenido, de cualidades ya sean artísticas o humanas.

Y aquí Dimash se diferencia por amplio margen...

 

No es incongruente asegurar que Dimash posee una constitución favorecida, y si no tuviese la altura, la elegancia, el cuerpo bien proporcionado y el rostro armónico que lo definen no tendría una misma llegada al público, la cual (y de acuerdo a lo detallado con anterioridad) es una legítima virtud puesta en función del espectáculo.

Lo absolutamente ridículo es creer que Dimash ES SÓLO ESO.

Una afirmación inconsistente y ante todo grosera circula en torno a un sector de las Dears y la definiré mediante eufemismos. Dice algo así como que: “Las Dears no son más que un puñado de señoras adultas que experimentan ardores a causa de un joven cantante”.

Inconsistente porque, suponer que esos “ardores” son un monopolio exclusivo de las edades mayores, constituye un error. Cualquier mujer joven puede sentir lo mismo por su objeto de deseo, no hace falta llegar a una edad determinada para experimentarlo. Una persona que opine en esos términos, además de ofensiva, se somete a creer que todos los procesos de reacción frente a una figura influyente son exactos e iguales a la normativa mediática.

Y eso es porque desconocen que hay algo más…

 

En cierto momento hubo un cambio que la comunidad Dear percibió con una leve preocupación, esa percepción luego se materializó para mutar en un sentimiento melancólico: Dimash delegaba el manejo de sus redes sociales a un tercero y en los acostumbrados posteos de sus fotos cesaban las publicaciones caracterizadas por su calidez…

Que sus admiradores presintieran que detrás de esas fotos no se encontraban el acercamiento y el carisma de Dimash, es un detalle... ¡asombroso! Y créanme que la magnitud de ese hecho cobró en mí una dimensión absoluta al momento de desarrollar las ideas para este texto. Por conocer y formar parte de otros fandom me arriesgo a decir que se trata de una situación extraordinaria y cuasi única que se hizo palpable en el sentimiento y la inquietud Dear, pero que nació de las sinceras intenciones de Dimash.

Lo que logra él es un tipo de influencia superlativa que trasgrede las restricciones de tendencias preconcebidas, (posteo una foto, incito tu imaginación y aguardo tus “me gusta”) porque el propio artista se encarga de crear un vínculo inherente entre su imagen y su identidad representativa para después transportarla a la sensibilidad del admirador, de manera natural y espontánea.

Y si preguntan mi opinión, es una cuestión fabulosa.

 

Se dice que una imagen vale más que mil palabras, ¿pero que podría decirse de una que provoca la necesidad de saber que, del otro lado, la esencia afectuosa del protagonista, se encuentra latente?  

 

Nos aproximamos al final de la primera parte de esta “búsqueda”, pero antes me permito un paréntesis para hablar con franqueza entre adultos.

Lo que destaco en la sección de las “apariencias” no es en desmérito de que Dimash resulte lindo, atractivo, sugerente o irresistible y despierte sensaciones a diferentes niveles de entusiasmo en su público, lo cual no tiene nada de malo. Como así tampoco que forme parte de fantasías románticas, de contextos de ensueño o de terrenos más íntimos. Todo queda a cargo de vuestra imaginación.  

Y es absolutamente normal.

En una próxima entrega intentaremos aproximarnos a esa definición que se ajuste a lo que produce Dimash y para ello analizaremos:

a) La línea de pensamiento de Dimash, su estructura y la prolongación de sus ideales como vehículo de influencia dentro del ánimo en las redes sociales

b) La proliferación de tendencias “influencer” dentro de la propia comunidad Dear (y si es que pueden ser así consideradas) y el protagonismo de Dimash y su naturaleza aplicada en dichas tendencias.

 

Gracias a Carmen por confiarme este proyecto y por supuesto a ustedes por leernos.

Los esperamos en la conclusión de “En la Búsqueda de un Nuevo concepto”.

¡Saludos Dears!    

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Canciones con historia: "Ave María" - Por Hilde Wöhler

 



*Editado por rectificación de la autora.


El Ave María que a partir de ahora quedará inmortalizada en el canto sublime de Di y a través de la cual Dimash Qudaibergen nos regaló para siempre su corazón y las poderosas emociones que habitan en su alma, fue compuesta en 1970 por el laudista, guitarrista y compositor ruso Vladimir Vavilov.

Dimash siempre sorprendiéndonos con sus propuestas artísticas increíbles. Cuando crees que ya no te puedes asombrar más, Di te eleva a otro nivel con un nuevo fenómeno mágico musical, maravillándote con su voz... creada por los Cielos y cantada desde las profundidades de su Ser, con su ingenio sin igual.

Como dijo en alguna entrevista Igor Krutoy "Dimash podrá tener 25 años, pero su cabeza no es de 25 años'.

La pieza musical" Ave María" cantada por Di, no es de Giulio Caccini, ni de Vavilov, sino del Sr. Igor Krutoy. Siendo la idea original de Dimash, que pudimos apreciar a inicios de Enero de este año, en un video de Lukpan, dónde escuchamos algunos acordes. 

Esta Ave María tiene la estructura de una obra barroca -o de transición del Renacimiento al Barroco- que imita el bajo continuo barroco y al mismo tiempo hace uso de una melodía y armonía clásica y romántica, e integra la técnica de la ópera bel canto llamada MESSA DI VOCE que ha existido desde el 1700.


Dra. Hilde Wöhler 

Dimash México

lunes, 9 de agosto de 2021

Demanda de Amor (Tercera y Última Parte) - JUICIO DE VALOR - Por Carlos Rivadeneira y Malena Fragoso.

 Juicio de Valor




 

1

 

¿Qué razones legales e incluso racionales tengo para tener en cuenta esta “demanda de amor”?

Me presento. Mi nombre es Heriberto Arrúa, me desempeño como juez en primera instancia y en plena función de mis ejercicios me encuentro en una disyuntiva mayúscula, carente de comprensión jurídica que me sitúa en un aprieto sin precedentes.

Tengo 63 años de edad, cuarenta de ellos casado, dos hermosas hijas y cuatro nietos, un varón y tres nenas, que nos visitan a mi mujer y a mí con una cierta frecuencia.

Mi familia matizó mi vida con la felicidad que todo hombre necesita, en ellos se encuentra la motivación que impulsó mi vida.

En ellos y en el esfuerzo que le brindé a mi carrera y en los años que invertí en granjearme una posición acomodada y sin necesidades materiales.

Dos bienes irreemplazables.

Mis energías y mi tiempo.

Por ello me conduje con la celeridad necesaria en cada caso que llegó a mis manos desde mi juventud hasta la actualidad y por ello me siento contrariado con éste en particular.

Además, ¿Qué demonios hace una demanda por amor en mi escritorio? ¡Dios! ya siento los coletazos de la migraña, ¿será por la úlcera en mi estómago? o podría ser por mi condición hipertensa, ¿quizá por mi cervical?, da igual…

 

Sonó el teléfono y detrás una voz que rugía.

- ¡Violeta! – la secretaria aceleró el paso, pero se asomó con temor por la puerta - necesito urgente un café… ¡no se retire, por favor Violeta! que sea bien cargado… ¡aguarde un momento Violeta! ¡Présteme atención! olvídese de mi diabetes y en lugar de esa sacarina venenosa tráigame bastante azúcar, y por favor Violeta… ¡tan pronto como le sea posible!

 

Continúo.

Veamos que tenemos por aquí... ¡cuánto material! La doctora Fragoso me envió una gran cantidad de pruebas incluida una peculiar carpeta con el título “El Dimash Affaire” ...

Por cierto, he ahí el nombre del acusado: Dimash Kudaibergen.

Varias fotos me dan un pantallazo sobre su fisonomía.

Bien... bien... luce muy joven, 18 o 20 años a lo sumo, aunque tratándose de una persona oriental (supongo) no sería extraño que fuese algo mayor.

¿Chino? ¿Coreano? 

Ahh perdón...

Kazajo.

Aktobé, Kazajstán, 24 de Mayo de 1994.

¡27 años! Lo dicho, esta gente se mantiene muy bien. Atractivo, por cierto, elegante y exótico, pero atractivo.

Disculpen, ¡Si Violeta, adelante!

- Aquí tiene su café, señor Arrúa, café cargadito y con algo de azúcar extra -la secretaria apoyó con cuidado el pocillo y no pudo evitar posar sus ojos en unas fotografías sobre el escritorio -

En realidad, la seducción provenía no de las fotos sino del protagonista de ellas.

- Que interesante... - dijo en voz alta - realmente interesante...

A sus oídos llegaron en dos oportunidades la pronunciación de su nombre como un eco distante, pero el tercer “¡VIOLETA!” le borró de un plumazo la sonrisa tímida y el ensueño.

- ¡Disculpe señor! Estaba... distraída...

- La comprendo Violeta, créame que la comprendo... - el juez tomó algunas fotos entre sus manos y se las extendió- dígame Violeta, ¿¿quiere que se lo envuelva para regalo??

Violeta rechazó la oferta porque, aunque tentadora, la mirada de Gorgona de su jefe amenazaba petrificarla en el lugar si aceptaba llevarse un retrato de ese atractivo joven.

Por si acaso, se retiró sin volver la vista atrás.

 

¡Así que esas tenemos muchachito! Lograste captar la atención de Violeta ¡nada menos! Hmm... Aguárdenme un minuto...

 

- Violeta, si otra vez yo, pero no se entusiasme…  no es a usted a quien necesito, dígale a Mariana de ordenanza que venga a mi oficina por favor.

 

Vamos a comprobar algo...

 

Al poco tiempo Mariana ingresó al despacho, y de manera conveniente, Arrúa acomodó las fotos sobre el escritorio y a un lado viejos papeles que desechó a propósito.

- ¿Cómo estas Mariana? Necesitaría que retires esos papeles por favor, estoy con mucho material y temo que se confundan con otros de vital importancia.

Él se dedicó a separar las pruebas de los diferentes sobres y carpetas sin dejar de observar de soslayo la actividad de la joven y ella luego de meter el deshecho en una bolsa plástica, tomó una franela de su bolsillo y comenzó a repasar un escritorio que no necesitaba una limpieza extra. Parecía dispuesta a deslizar el paño por todos los vértices para disfrutar de un paneo desde diferentes perspectivas de las bondades del demandado.     

Pero la experimentación llegaba su fin.

- ¿Sabes que Mariana? Tengo que felicitarte. Porque este escritorio lo dejaste impecable por la mañana y ahora da la sensación ¡de que pretendes dejarlo como un espejo! Y como ya tengo uno en el baño y supongo que tu tiempo es limitado como el mío, no quisiera que lo malgastes aquí. No quiero retenerte, podes retirarte.

- Si señor... yo... Cualquier cosa que necesite me avisa...

- Hoy no creo Marianita, andá nomás...

 

Permítanme que tome nota: “Fuerte influencia del demandado en base a su imagen, podría ocurrir que ejerciese un magnetismo considerable sobre el sexo opuesto”

Pues bien, jovencito, ya no me resulta usted tan inocente, tengo mis dudas, ¡mis serias dudas! Me recuerda a la fascinación que le provocaban las sirenas con su canto a los marineros.

Bueno... al fin y al cabo él es cantante ¿verdad?

Pasemos a esa cuestión. La doctora Maria Elena me recomienda utilizar auriculares y así lo haré. Son varios los enlaces, pero hay uno remarcado con énfasis: “presentación en el concurso de canto “The Singer”, llevado a cabo en China en el año 2017. Dimash canta “S.O.S.”, ¡la mejor voz del mundo!”

¡Si claro! ¡Y yo soy el “Juez Dredd”!

 Además, si lo demandan, tan bueno no puede ser... Se me ocurre una larga lista de “artistas” a demandar con esa prerrogativa, pero no vienen al caso...

Muy bien. Play. A ver jovencito. Sorpréndame si quiere tener una chance...

 

2

 

- Permiso señor, sé que una ensalada no es lo que prefiere, pero su esposa fue inflexible con el menú y usted sabe como se pone si... - el cadete se detuvo - señor... ¿se encuentra bien? ¿Le ocurre algo?, ehh... ¿está llorando?...

El señor Arrúa no escuchó entrar a Gerardo, de hecho, no se percató de su presencia lo cual lo obligó a limpiarse las lágrimas de un manotazo, en un fallido intento de ocultar su emoción.

- ¿¿Qué dijo Gerardo??

- Decía que... si es que se encuentra bien, porque lo veo... (Pensó decir “llorando” pero dijo “mejor no”) algo indispuesto...

- La verdad es que... debo tener algún problema con mis lagrimales, producto, quizás de alguno de los varios remedios que me veo obligado a ingerir...

- Ya me parecía extraño verlo llorar...

- ¡No sea insolente joven! ¿¡Que lloraba dice!?¿Usted esta loco? Escuche, ¡mondadientes con patas!, le digo, ¡le aseguro!, que si usted divulga habladurías en ese tono no tendrá la oportunidad de trabajar ni en este ni en ningún otro juzgado mientras yo viva. ¿Fui lo suficientemente claro?...

- ¡Disculpe señor Arrúa!, yo... me expresé mal...

- ¡Pero claro que lo hizo! ¡Retírese y no me traiga nada, perdí el apetito! ¡Fuera!

Pálido como una hoja en blanco, se retiró Gerardo.

 

¿Pero que me ocurrió? Ustedes sabían algo para lo cual yo no estaba preparado ¿verdad?

¿Qué fue eso? Digo... que... ¿cómo expresarlo?... ¿¡que es lo que acabo de escuchar!?

Denme un momento, ¿el pañuelo? ¡Acá está! ¡Pero si hasta se me cayeron los mocos, demonios!

A ver: Heriberto, ¿qué es lo que te pasa?

Me tomó desprevenido, puede que me haya disparado alguna conexión emocional, eso es todo ¡je! ¡Claro que sí!

Tengo que... ¡debo!, escuchar otra canción.

Veamos... tantas para elegir... alguna no tan apasionada...

¿Qué tenemos aquí?... presentación en vivo del mismo año: “Concierto de Bastau”.

Okey. Probemos algo distinto. Vamos Heriberto, ¡no me afloje, carajo!

Play. “Daybreak” …                                                                  

 

- ¿Violeta? disculpe no, pero…  por casualidad… ¿usted no tiene pañuelos descartables?...

 

Esto no es normal. Para nada.

Y no me vengan con el palabrerío económico de: “Díganos Heriberto, ¿Qué es normal y que no lo es?”

Me refiero a normal en cuanto a cotidiano, a frecuente, a ordinario, ¡en cuanto a posible incluso! Pero lo de este muchacho supera mis expectativas, mis conocimientos y mi entendimiento. Estoy ante una faena extraordinaria y por lo tanto me predispongo a emplear métodos infrecuentes en mi labor para entender los motivos de la demanda, los cuales creo empiezan a tener un sentido tan profundo y sensible como inesperados.

Supongo que necesitaré adentrarme por completo en este mundo.

En SU mundo.

¿Por dónde empezar? Es indistinto, sospecho que cada canción debe ser igual de excelente que su predecesora.

¿Algún tipo de recomendación?

¡helloadagioyour loveel amor de los cisnesotoño tardiodaididaui miss you!

¡Esperen!

De a una porque no les entiendo nada… ¿Cuál?...

Puede ser… suena interesante, recuerden que todo esto es nuevo para mí.

Bien, Dimash.

Ahí vamos de nuevo.

Play. “Sinful Passion”.

 

 

 

3

 

Y ese día, el juez Heriberto Arrúa se sumó a las filas Dears sin darse cuenta, como prácticamente todos ellos.

El tiempo dejó de ser un condicionante, la impresión causada en cada nueva reproducción lo llevó a navegar por aguas cristalinas y a volar por cielos radiantes de una belleza sin igual. El tiempo y el espacio fueron sometidos al propósito de emociones adormecidas que despertaron en renovados sentimientos.

Una canción lo llevó a otra de la mano por experiencias que le cosquillearon en el estómago, como si de un amorío juvenil se tratase.

Se sentía enérgico y pensó: “¿por qué no utilizarlas en el momento adecuado?, ¿Por qué monopolizar las energías en función de estrictas responsabilidades y no emplearlas también en el regocijo del espíritu?” Llamó a la doctora María Elena y sostuvieron una charla entusiasmada, de hecho, ella hubo de contenerlo porque Heriberto atravesaba ese “primer amor” frente al arte de Dimash y se expresaba maravillado mediante una andanada de elogios.

Se comunicó con otros colegas y su énfasis causó estragos. Las opiniones tomaron diversas direcciones y matices, pero en algo coincidieron todos: en la perplejidad. Nadie estaba preparado para una versión del juez Arrúa tan apasionada y libre de estructuras.

Gran parte de lo que quedaba del día lo dedicó a la lectura de los testimonios y se sorprendió a sí mismo al escucharse rematar en voz alta algunas de las apreciaciones Dears recopiladas y desde la ubicación de su secretaria se le escuchó decir: “¡claro que sí!” o “¡estoy totalmente de acuerdo!”.

“¿Porque no efectivizar una demanda (por amor) que indicaba en los procesos judiciales un antes y un después?” pensó “¡si al fin y al cabo estamos ante un artista que desde su enorme talento plantea lo mismo en la historia de la música con su voz!”

“Debería Dimash comparecer ante una resolución judicial firme que le permita a cada Dear del mundo tener la posibilidad de verlo actuar en vivo mínimamente una vez en un término que no supere los dos (2) años entre recitales en cada sitio demandante. Será una tarea difícil, ¡pero no imposible! Haré cuanto pueda por llevar adelante este dictamen”.

También se permitió una cantidad de risotadas al leer el “Dimash Affaire” y supuso que, en varios pasajes, el señor Rivadeneira solo habría exagerado la nota. No creía que las Dears pudiesen ser tan vehementes…

 

Dicen que le vieron retirarse con una alegría inusual, que saludó a personas que jamás tuvo en cuenta, que por los pasillos se le oyó canturrear algo que decía: "¡we are, we are, we are... golden!”, que una sonrisa cómplice le suplantó el gesto adusto y que al pasar junto a Gerardo lo palmeó en el hombro y agregó: “disculpe por mi dura reacción. Y.… le agradezco por preocuparse, ¡continúe así!”. Todos coincidieron en que se encontraban frente a una versión alternativa y preferible del juez Heriberto Arrúa.

 

Y entrada la tarde, e instalado en su hogar, recibió la visita de su familia.

Su mujer les comentó a sus hijas el cambio en su marido, le veían contento y con un brillo especial en los ojos. Él observaba los rituales que anticipaban la velada familiar y desde su sillón preferido le pareció ver en esos mecanismos cotidianos la magia momentánea que se prolongaba como una extensión de los eventos ocurridos en su interior.

Porque su familia no “matizó” su vida con felicidad, sino que la impregnó de ella.

Porque en realidad, su tiempo y sus energías fueron bienes “funcionales”, los cuales debieron ser dosificados en el momento y la forma correcta con inteligencia y coherencia.

Y porque sobre otras cosas de grandísimo valor, la trilogía irremplazable de su existencia fueron su mujer, sus hijas y sus nietos.

El sonido de la vajilla, el entrechocar de botellas al depositarlas en el refrigerador, las ollas y los utensilios que resonaban en la cocina, el agua hirviendo, todo le sonaba a cadencia musical. Y las voces, las risas, las conversaciones y los susurros de chicos y grandes, le recordaban en ese contraste de vocablos, el misterio de tonos que encerraba la voz de Dimash.

 

Luciana, la más joven de sus nietas, se acercó preocupada al ver lágrimas en el rostro de su abuelo

- ¿Qué pasa abu? ¿No te sentís bien?

Heriberto le respondió con una sonrisa para tranquilizarla

- No amor, está todo bien. Vení, sentáte, - dio unos golpecitos en el asiento contiguo y suspiró acongojado - sentáte que te cuento…

 

 

 

Fin

 

 

 

Así concluye la saga denominada “Demanda de Amor”.

Gracias a “Malena” Fragoso por confiarme sus ideas y permitirme una total libertad creativa para realizar los relatos.

Y como siempre, gracias a ustedes por estar del otro lado.

¡Saludos Dears!

domingo, 11 de julio de 2021

Demanda de Amor II "El Dimash Affaire" - Por María Elena Fragoso y Carlos Rivadeneira

 

Segunda parte: “El Dimash Affaire”




Mi nombre es Lee Majors.

Las volutas de humo del cigarrillo que sostengo no hacen otra cosa que acrecentar las penumbras y la dificultosa definición del amoblado en la semioscuridad de la pocilga que me sirve de oficina. Ni mis años como investigador ni la amistad que me une a Malena Fragoso debieron suponer un compromiso, si hubiese sospechado las incidencias que me llevarían a decodificar una trama tan sombría e inesperada en el corazón del mundo Dear. Varios días de pesquisas fueron suficientes para: recabar toda la información solicitada, acceder al testimonio de cientos (por no decir miles) de implicadas y preparar un informe detallado y escrito bajo el nombre en clave de: “El Dimash Affaire”.

Lamento ser el heraldo de la revelación que me ha sido concedida, y lo lamento por Dimash, del cual me declaro un ferviente admirador, pero en esta oportunidad temo decir que las Dears, van por todo.

Y porque no confío ni en mi sombra es que estoy aquí, en este lugar recóndito y preparado para lo peor. Me parece oír pasos dubitativos (¡los aguardo rufianes, vengan por mí!) y ha de saberse que si este es mi destino final, también puedo asegurar ¡que no será solo el mío!

 

(Nota del editor: Querido lector hay muchas y muy grandes exageraciones en este primer párrafo:

No solo que no se llama “Lee Majors” (además de que esta muy, pero que muy, muy lejos de parecerse al actor estadounidense) sino que tampoco es detective.

Es Carlos Rivadeneira.

Ni tampoco está en juego la vida de nadie, simplemente esta juntando la evidencia que la doctora Fragoso le pidió en la primera parte de la “demanda de amor”- que supongo habrán leído-, y gracias a dedicar parte de su adolescencia a la lectura y el cine considerado “policial negro” y que tiene una imaginación muy activa es que se cree un investigador.

Y el nombre Lee Majors le gustó toda la vida por como suena. Sencillo.

Solo síganle la corriente y disfruten de la lectura, ¡pueden continuar!)

 

 

 

En las Entrañas del misterio

 

Hubo ciertos inconvenientes desde el inicio a causa de las diferentes locaciones de las potenciales testigos, en especial por lo distanciado que estaban unas de otras.

Muchas Dears = muchos países.

Utilicé el dinero que la doctora me facilitó a modo de adelanto por mis servicios para viajar hacia los casos allegados a mi decrépita oficina y en los que se encontraban radicados en el extranjero me dediqué a registrar las declaraciones, después de averiguar los números correspondientes, vía llamada telefónica e incluso mediante video conferencias. A continuación relataré algunas entrevistas que en un primer momento despertaron mi interés para luego llevarme hacia el estupor que despiertan las verdades ocultas. Por convicción propia he de mantener reservada la identidad de las distintas protagonistas, que serán reveladas únicamente para la evaluación del expediente completo y en manos de la abogada pertinente.

 

Testimonios

 

Dear 1: Ésta Dear radicada en Chile se expresaba con vehemencia y se sumó a la demanda casi sin pestañear. (¡Parecía que esperaba mi visita!)     

No conforme con su postura planteó exigencias a nivel “sudamericano” (mini giras regionales y cosas por el estilo) y celebró la idea de una demanda “colectiva”. El registro de la conversación por video mostraba una habitación y frente a una cama pude entrever el póster de un sugestivo y sonriente Dimash (que si supiera de los eventos que se desarrollaban, se borraría su sonrisa y no se vería tan confiado...)

Dear 2: Aquí la Dear se sorprendió con mi consulta (¡Wow!) y acto seguido declaró su acuerdo con la demanda. Y agregó una denuncia extra: ¿cual seria la figura delictiva ante un posible matrimonio de Dimash y la consabida devastación en el ánimo de la Dear? (“¡peligro!” pensé y me escabullí como un maestro ninja). Cuando la abandoné sin que se diera cuenta, aun se contradecía en voz alta al confesar que a lo mejor debiera perdonarlo, porque en rigor de la verdad... podría ser su madre.

Dear 3: Lo “ocurrente” de mi propuesta dio paso al frenesí que llevó a esta Dear de “demandante” a convertirse en “juez y jurado”. En un rapto de pasión desmedida idealizó un castigo: la sentencia seria efectiva (“¡marche preso!” según sus palabras) mas aun, en los limites de la demencia procesal, lo sentenciaría a cumplir condena bajo la estricta custodia... ¡de las propias Dears! (Antes de huir de aquel lugar. imaginé a Dimash con traje a rayas y custodiado por millones de guardia cárceles que con vinchas luminosas inspeccionaban la condena del convicto, celular en mano. Y entre lagrimas, obvio.)

Dear 4: La Dear me recibió y sostuvo su diálogo como si estuviese ensayando su reacción en un concierto de Dimash.

O sea, a los gritos.

_ ¡SIENTO LAS MISMAS EMOCIONES! ¡UN RECITAL EN LA CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES YA! (y para no perder tiempo evitó la redacción de la demanda y pasó directo al castigo) ¡QUE SE CUMPLA LA CONDENA!

Dear 5: Con este testimonio puse en tela de juicio a mi cordura.

La Dear quería adosar al expediente (y cito textual): “daño colateral por dominar a tantas personas a la vez” (¿¡poseía Dimash poderes supresores!?) y “sumergirlas en un estado paranoico” (¿acaso también pretendían acusarlo de hacedor de obsesiones? ¡Corre por tu vida Dimash!) Salí a toda prisa como si llevase la muerte en los talones y hasta que la perdí de vista, la Dear me corrió varias calles al grito de: ¡SERA JUSTICIA!

 

La adherencia a la causa fue masiva, muchas coincidían en respuestas y en una reacción en particular a mi indagatoria. Después de presentarme con mi credencial de La Era Dimash, me atendían con amabilidad pero al ser notificadas de la situación y transitar ese vaivén efervescente en el espíritu Dear, contestaban un escueto: “ME SUMO A LA DEMANDA” (en tono neutro) y procedían a cerrarme con menos delicadeza la puerta en la nariz como si yo fuese culpable del choque de trenes emocional que les provocaba Dimash.

Recuerdo una situación que me puso en los límites de la vida y la muerte.

 

Amanecer de una Noche Agitada

 

Viernes. Bien entrada la tarde. Calle mal iluminada. La dirección en el arrugado papel que extraje del bolsillo era poco legible pero me confirmó la ubicación en la fachada de la residencia que tenía en frente. De mis espaldas, en una esquina en diagonal, provenía el delicioso aroma desde un local sin comensales (a excepción de un enjambre de moscas) con una enorme parrilla al aire libre que llevaba por nombre “Parripollo: El Chancletazo”.

En la vivienda timbre no había. Aplaudí primero con timidez y luego con violencia en parte para defenderme de los mosquitos sedientos de mi sangre, pero ningún movimiento me dio la bienvenida. La verja que separaba al terreno de la acera era baja y creí ver a la distancia, en la entrada de la casa, el timbre ladino que todo el tiempo se estuvo ocultando de mí. La puerta de rejas no ofreció resistencia e ingresé en el patio, camino a la entrada principal, rodeado por las sombras.

No sabía cuan verdadera y siniestra era esa metáfora de las oscuridades.

No fue uno, sino varios los gruñidos que me recibieron y en el momento que la notificación de MTV declaró el inicio de la competencia desde mi celular a todo volumen, empezó la cacería.

Siempre fui consciente de la importancia de una vida saludable, y agradezco ejercitarme con frecuencia, pero ese día batí todos los récords y me sorprendí  con habilidades desconocidas en mi persona.

A la reja que me impedía llegar a la calle la atravesé con un salto limpio, creo que ni apoyé las manos. El problema fue que los perros (entrenados por su dueña para espantar visitas en horario del “Request Dimash”) también hicieron lo propio y me perseguían como si llevase en mi cuerpo una apetitosa remera que decía “¡Arashi sos lo más grande que hay!” o “¡SB19 te quiero con mi vida!”. Crucé sin mirar, mis aullidos eran más horrendos que los de la jauría feroz a mi retaguardia y con el impulso endemoniado de mi huída pegué un salto ornamental para encaramarme a un árbol.

Un vecino se preguntaba: “¿Dónde dejó la garrocha?” al tiempo que yo me abrazaba del tronco como un marinero a una balsa en un naufragio. Con habilidad felina trepaba inspirado en la fortaleza del puma y en un arrebato juvenil abandoné mi veteranía por culpa de la desgracia que manchaba mi orgullo y mi vestimenta. A pesar de la vergüenza, revelo que dejé escapar el gimoteo de un niño y ascendí con los pañales tan sucios como los de un bebé. Escalé hasta una rama alta que se arqueó con mi peso hacia un edificio que me resultaba familiar y temí lo peor...

El parripollo el “chancletazo”.

Su asador incandescente se ofrecía a cobijarme al calor de las brasas con la culinaria intención de cocinarme el alma y las ancas, y para no engrosar mi desdicha me aferré con tal ímpetu que mis huellas quedaron grabadas en el cuerpo del árbol.

Y en esa posición, oculto en el follaje, esperé tres horas.

Para cuando bajé de mi escondite, (medio crocante debo señalar) si es que permanecía algún perro en las cercanías, debió huir despavorido de mi presencia maloliente. Me aproximé cuanto pude a la casa de la Dear, (hasta cierta distancia de la reja) que reclinada en una reposera se masajeaba las manos en un cuenco con agua helada y tras una breve conversación aceptó sumarse a la demanda.

Por razones obvias regresé a pie hasta mi oficina.

Una confesión: desde aquella noche decidí extremar las prevenciones para mi protección física, y por cierto, no he vuelto a ser el mismo.

Ni mi ropa interior tampoco.

 

Triste, Solitario y Final

 

En tus manos, Malena, se encuentra la absoluta veracidad de los claros propósitos de las Dears. La demanda cuenta con un apoyo denodado (¡temible incluso!) sin precedentes, tanto así, que supongo creará un verdadero caos en lo jurisprudencial. Aguardo recluido en mí guarida a la espera de algún ataque sorpresivo y definitivo (¡disparen cretinos! ¡Yo ya estoy muerto!) E imploro te resguardes en tu buen criterio para que nadie, excepto el juez, tenga acceso a este informe por el cual lo he dado casi todo...

 

..........

  

A ese principio de economía procesal (inicio de la demanda, presentación de testimonios, datos de los posibles testigos, prueba documental, etc.) la doctora Maria Elena Fragoso agregó el informe enviado por Carlos como una “ampliación de prueba documental” para ser presentado cuanto antes, de manera que el juez lo tuviera en su poder y en base a ello analizara todo el conjunto. Después de llamar a su secretaria para que enviara el paquete al juzgado, se sacó los lentes, se acomodó en la silla y reflexionó intranquila sobre lo que acababa de iniciar.

 

La demanda de amor, era un hecho.

 

 Fin de la segunda parte

 

 Gracias a los Beatles por su “A Hard Day’s Night” (anochecer de un día agitado), a Raymond Chandler por sus novelas policiales, a Osvaldo Soriano por su “Triste, Solitario y Final”, a Malena Fragoso por confiar una vez más en mis desvaríos y a los que siguen esta saga, que en la próxima entrega llega a su desenlace.

Como siempre, los esperamos. ¡Saludos Dears!