La Era Dimash (oficial)

Esta página se dedica a difundir la música, arte y cultura de Dimash Qudaibergen, el objetivo es que el mundo entero disfrute y comparta , no sólo su música, sino también su ejemplo de vida, valores y su integridad como ser humano.

domingo, 11 de julio de 2021

Demanda de Amor II "El Dimash Affaire" - Por María Elena Fragoso y Carlos Rivadeneira

 

Segunda parte: “El Dimash Affaire”




Mi nombre es Lee Majors.

Las volutas de humo del cigarrillo que sostengo no hacen otra cosa que acrecentar las penumbras y la dificultosa definición del amoblado en la semioscuridad de la pocilga que me sirve de oficina. Ni mis años como investigador ni la amistad que me une a Malena Fragoso debieron suponer un compromiso, si hubiese sospechado las incidencias que me llevarían a decodificar una trama tan sombría e inesperada en el corazón del mundo Dear. Varios días de pesquisas fueron suficientes para: recabar toda la información solicitada, acceder al testimonio de cientos (por no decir miles) de implicadas y preparar un informe detallado y escrito bajo el nombre en clave de: “El Dimash Affaire”.

Lamento ser el heraldo de la revelación que me ha sido concedida, y lo lamento por Dimash, del cual me declaro un ferviente admirador, pero en esta oportunidad temo decir que las Dears, van por todo.

Y porque no confío ni en mi sombra es que estoy aquí, en este lugar recóndito y preparado para lo peor. Me parece oír pasos dubitativos (¡los aguardo rufianes, vengan por mí!) y ha de saberse que si este es mi destino final, también puedo asegurar ¡que no será solo el mío!

 

(Nota del editor: Querido lector hay muchas y muy grandes exageraciones en este primer párrafo:

No solo que no se llama “Lee Majors” (además de que esta muy, pero que muy, muy lejos de parecerse al actor estadounidense) sino que tampoco es detective.

Es Carlos Rivadeneira.

Ni tampoco está en juego la vida de nadie, simplemente esta juntando la evidencia que la doctora Fragoso le pidió en la primera parte de la “demanda de amor”- que supongo habrán leído-, y gracias a dedicar parte de su adolescencia a la lectura y el cine considerado “policial negro” y que tiene una imaginación muy activa es que se cree un investigador.

Y el nombre Lee Majors le gustó toda la vida por como suena. Sencillo.

Solo síganle la corriente y disfruten de la lectura, ¡pueden continuar!)

 

 

 

En las Entrañas del misterio

 

Hubo ciertos inconvenientes desde el inicio a causa de las diferentes locaciones de las potenciales testigos, en especial por lo distanciado que estaban unas de otras.

Muchas Dears = muchos países.

Utilicé el dinero que la doctora me facilitó a modo de adelanto por mis servicios para viajar hacia los casos allegados a mi decrépita oficina y en los que se encontraban radicados en el extranjero me dediqué a registrar las declaraciones, después de averiguar los números correspondientes, vía llamada telefónica e incluso mediante video conferencias. A continuación relataré algunas entrevistas que en un primer momento despertaron mi interés para luego llevarme hacia el estupor que despiertan las verdades ocultas. Por convicción propia he de mantener reservada la identidad de las distintas protagonistas, que serán reveladas únicamente para la evaluación del expediente completo y en manos de la abogada pertinente.

 

Testimonios

 

Dear 1: Ésta Dear radicada en Chile se expresaba con vehemencia y se sumó a la demanda casi sin pestañear. (¡Parecía que esperaba mi visita!)     

No conforme con su postura planteó exigencias a nivel “sudamericano” (mini giras regionales y cosas por el estilo) y celebró la idea de una demanda “colectiva”. El registro de la conversación por video mostraba una habitación y frente a una cama pude entrever el póster de un sugestivo y sonriente Dimash (que si supiera de los eventos que se desarrollaban, se borraría su sonrisa y no se vería tan confiado...)

Dear 2: Aquí la Dear se sorprendió con mi consulta (¡Wow!) y acto seguido declaró su acuerdo con la demanda. Y agregó una denuncia extra: ¿cual seria la figura delictiva ante un posible matrimonio de Dimash y la consabida devastación en el ánimo de la Dear? (“¡peligro!” pensé y me escabullí como un maestro ninja). Cuando la abandoné sin que se diera cuenta, aun se contradecía en voz alta al confesar que a lo mejor debiera perdonarlo, porque en rigor de la verdad... podría ser su madre.

Dear 3: Lo “ocurrente” de mi propuesta dio paso al frenesí que llevó a esta Dear de “demandante” a convertirse en “juez y jurado”. En un rapto de pasión desmedida idealizó un castigo: la sentencia seria efectiva (“¡marche preso!” según sus palabras) mas aun, en los limites de la demencia procesal, lo sentenciaría a cumplir condena bajo la estricta custodia... ¡de las propias Dears! (Antes de huir de aquel lugar. imaginé a Dimash con traje a rayas y custodiado por millones de guardia cárceles que con vinchas luminosas inspeccionaban la condena del convicto, celular en mano. Y entre lagrimas, obvio.)

Dear 4: La Dear me recibió y sostuvo su diálogo como si estuviese ensayando su reacción en un concierto de Dimash.

O sea, a los gritos.

_ ¡SIENTO LAS MISMAS EMOCIONES! ¡UN RECITAL EN LA CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES YA! (y para no perder tiempo evitó la redacción de la demanda y pasó directo al castigo) ¡QUE SE CUMPLA LA CONDENA!

Dear 5: Con este testimonio puse en tela de juicio a mi cordura.

La Dear quería adosar al expediente (y cito textual): “daño colateral por dominar a tantas personas a la vez” (¿¡poseía Dimash poderes supresores!?) y “sumergirlas en un estado paranoico” (¿acaso también pretendían acusarlo de hacedor de obsesiones? ¡Corre por tu vida Dimash!) Salí a toda prisa como si llevase la muerte en los talones y hasta que la perdí de vista, la Dear me corrió varias calles al grito de: ¡SERA JUSTICIA!

 

La adherencia a la causa fue masiva, muchas coincidían en respuestas y en una reacción en particular a mi indagatoria. Después de presentarme con mi credencial de La Era Dimash, me atendían con amabilidad pero al ser notificadas de la situación y transitar ese vaivén efervescente en el espíritu Dear, contestaban un escueto: “ME SUMO A LA DEMANDA” (en tono neutro) y procedían a cerrarme con menos delicadeza la puerta en la nariz como si yo fuese culpable del choque de trenes emocional que les provocaba Dimash.

Recuerdo una situación que me puso en los límites de la vida y la muerte.

 

Amanecer de una Noche Agitada

 

Viernes. Bien entrada la tarde. Calle mal iluminada. La dirección en el arrugado papel que extraje del bolsillo era poco legible pero me confirmó la ubicación en la fachada de la residencia que tenía en frente. De mis espaldas, en una esquina en diagonal, provenía el delicioso aroma desde un local sin comensales (a excepción de un enjambre de moscas) con una enorme parrilla al aire libre que llevaba por nombre “Parripollo: El Chancletazo”.

En la vivienda timbre no había. Aplaudí primero con timidez y luego con violencia en parte para defenderme de los mosquitos sedientos de mi sangre, pero ningún movimiento me dio la bienvenida. La verja que separaba al terreno de la acera era baja y creí ver a la distancia, en la entrada de la casa, el timbre ladino que todo el tiempo se estuvo ocultando de mí. La puerta de rejas no ofreció resistencia e ingresé en el patio, camino a la entrada principal, rodeado por las sombras.

No sabía cuan verdadera y siniestra era esa metáfora de las oscuridades.

No fue uno, sino varios los gruñidos que me recibieron y en el momento que la notificación de MTV declaró el inicio de la competencia desde mi celular a todo volumen, empezó la cacería.

Siempre fui consciente de la importancia de una vida saludable, y agradezco ejercitarme con frecuencia, pero ese día batí todos los récords y me sorprendí  con habilidades desconocidas en mi persona.

A la reja que me impedía llegar a la calle la atravesé con un salto limpio, creo que ni apoyé las manos. El problema fue que los perros (entrenados por su dueña para espantar visitas en horario del “Request Dimash”) también hicieron lo propio y me perseguían como si llevase en mi cuerpo una apetitosa remera que decía “¡Arashi sos lo más grande que hay!” o “¡SB19 te quiero con mi vida!”. Crucé sin mirar, mis aullidos eran más horrendos que los de la jauría feroz a mi retaguardia y con el impulso endemoniado de mi huída pegué un salto ornamental para encaramarme a un árbol.

Un vecino se preguntaba: “¿Dónde dejó la garrocha?” al tiempo que yo me abrazaba del tronco como un marinero a una balsa en un naufragio. Con habilidad felina trepaba inspirado en la fortaleza del puma y en un arrebato juvenil abandoné mi veteranía por culpa de la desgracia que manchaba mi orgullo y mi vestimenta. A pesar de la vergüenza, revelo que dejé escapar el gimoteo de un niño y ascendí con los pañales tan sucios como los de un bebé. Escalé hasta una rama alta que se arqueó con mi peso hacia un edificio que me resultaba familiar y temí lo peor...

El parripollo el “chancletazo”.

Su asador incandescente se ofrecía a cobijarme al calor de las brasas con la culinaria intención de cocinarme el alma y las ancas, y para no engrosar mi desdicha me aferré con tal ímpetu que mis huellas quedaron grabadas en el cuerpo del árbol.

Y en esa posición, oculto en el follaje, esperé tres horas.

Para cuando bajé de mi escondite, (medio crocante debo señalar) si es que permanecía algún perro en las cercanías, debió huir despavorido de mi presencia maloliente. Me aproximé cuanto pude a la casa de la Dear, (hasta cierta distancia de la reja) que reclinada en una reposera se masajeaba las manos en un cuenco con agua helada y tras una breve conversación aceptó sumarse a la demanda.

Por razones obvias regresé a pie hasta mi oficina.

Una confesión: desde aquella noche decidí extremar las prevenciones para mi protección física, y por cierto, no he vuelto a ser el mismo.

Ni mi ropa interior tampoco.

 

Triste, Solitario y Final

 

En tus manos, Malena, se encuentra la absoluta veracidad de los claros propósitos de las Dears. La demanda cuenta con un apoyo denodado (¡temible incluso!) sin precedentes, tanto así, que supongo creará un verdadero caos en lo jurisprudencial. Aguardo recluido en mí guarida a la espera de algún ataque sorpresivo y definitivo (¡disparen cretinos! ¡Yo ya estoy muerto!) E imploro te resguardes en tu buen criterio para que nadie, excepto el juez, tenga acceso a este informe por el cual lo he dado casi todo...

 

..........

  

A ese principio de economía procesal (inicio de la demanda, presentación de testimonios, datos de los posibles testigos, prueba documental, etc.) la doctora Maria Elena Fragoso agregó el informe enviado por Carlos como una “ampliación de prueba documental” para ser presentado cuanto antes, de manera que el juez lo tuviera en su poder y en base a ello analizara todo el conjunto. Después de llamar a su secretaria para que enviara el paquete al juzgado, se sacó los lentes, se acomodó en la silla y reflexionó intranquila sobre lo que acababa de iniciar.

 

La demanda de amor, era un hecho.

 

 Fin de la segunda parte

 

 Gracias a los Beatles por su “A Hard Day’s Night” (anochecer de un día agitado), a Raymond Chandler por sus novelas policiales, a Osvaldo Soriano por su “Triste, Solitario y Final”, a Malena Fragoso por confiar una vez más en mis desvaríos y a los que siguen esta saga, que en la próxima entrega llega a su desenlace.

Como siempre, los esperamos. ¡Saludos Dears!

viernes, 25 de junio de 2021

Demanda de Amor Primera Parte: ¿¡En que me metí!? - Por María Elena Fragoso y Carlos Rivadeneira

 

Demanda de Amor

 

Primera Parte: ¿¡En que me metí!?




El despacho de la doctora Fragoso resplandecía con la luz solar que ingresaba por unos amplios ventanales a sus espaldas e iluminaba aquel día de actividad inusual. Frente a sí, dos mujeres le describían testimonios con la finalidad de complementar la información necesaria para continuar con la demanda iniciada contra… Dinmukhamed Kanatuly Kudaibergen.

Una de las mujeres estaba algo furiosa. Y la otra aún más.

De hecho, en la antesala que servía de recepción, la secretaria de María Elena debía lidiar con una cantidad de numerosas “testigos” que se habían apersonado con una misma motivación, con estallidos emocionales que iban de forma paulatina del llanto desconsolado hacia recriminaciones fogosas y de ahí retrocedían a sonrisas conciliatorias para volver a la carga con gruesas lágrimas de reproche.

Un pandemonio emocional se había desatado en las oficinas de la doctora María Elena Fragoso.

Y entonces sonó el timbre.

 

……….

 

Alguien desde el departamento de Maria Elena pulsaba el portero eléctrico como si quisiese expresarse a través del código Morse, el sonido resonó varias veces a pesar de que él ya tenía la puerta entreabierta para ingresar al edificio, parecían bocinazos histéricos en medio de una avenida.

Fue lo primero en llamarle la atención.

El segundo encuentro llamativo fue cuando estuvo a punto de golpear la puerta de la oficina y se detuvo a causa de una serie de lamentos e increpaciones procedentes del interior y se preguntó por qué lo habría citado María en un momento que no parecía el más apropiado…

No tuvo tiempo a responderse.

La puerta se abrió como por arte de magia y el bullicio que una veintena de mujeres creaba se detuvo por obra del mismo artilugio, el silencio suspendido en el aire lo abandonó en el centro de todas las miradas: algunas lo miraban con cierta vergüenza, otras con un recelo inquisidor y la secretaria, parapetada tras el escritorio, pidiendo clemencia.

Charly sintió que la prevención crecía en su interior y el recuerdo de un cuento fantástico le hizo verse tan pequeño como un enano en tierra de gigantes.

 

……….

 

María despidió a las testigos y les pidió con amabilidad que aguardasen en la sala de espera. Se dirigió a su escritorio y una vez sentada le solicitó a la recepcionista que no permitiera el ingreso de nadie por unos momentos, necesitaba poner en claro las ideas y pensó: “¿¿en qué me metí??”

Luego del receso judicial del mes de enero la demanda hacia DQ contaba con la aceptación del juzgado y ahora tendría que estudiar cada prueba adjuntada al expediente. Asimismo, se preguntaba si el juez que hizo lugar a la demanda sabría en realidad quien era Dimash, ¿lo habría oído cantar?, porque Dimash estaba en una categoría más allá de lo imaginado: entre lo mundano y lo profano, entre el sueño y la realidad.

En sus manos sostenía el cuestionario de la prueba testimonial:

·        ¿cómo conoció a Dimash?

·        ¿en qué circunstancias?

·        ¿cuál fue su reacción?

·        ¿su grupo familiar como lo recibió?

·        ¿notó algún cambio en usted?

La forma en que debía encarar el interrogatorio también le planteaba un enigma porque ella era una ferviente admiradora de Dimash y le ocurría un mismo sentimiento que a las demás Dears: una euforia que se apropiaba de su ser al escuchar esa voz la transportaba de la alegría al llanto y le establecía una inmensidad emocional en el alma.

Se froto los ojos y pensó de nuevo: “¿en qué me metí?”.

 

……….

 

“¿¡En qué demonios me metí!?” se preguntaba Carlos.

Se hallaba atrapado en un asiento en medio de dos mujeres que por momentos discutían de forma acalorada y por momentos se consolaban mutuamente entre sollozos. Era muy observador y todo le indicaba que estaba en presencia de Dears: las fundas personalizadas, algunas remeras, la música que sonaba en los tonos de celular e incluso alguna intrépida que llevaba una vincha con antenitas que terminaban en forma de corazones y el nombre “DIMASH” en el centro que Charly, creía con certeza, brillaba en la oscuridad.

Y parecían un poco alteradas así que prefirió mantener un sensato silencio. Hasta que una de las mujeres a su lado le preguntó:

- ¿usted también está aquí por la demanda a nuestro príncipe kazajo? - se detuvo y con una franca sonrisa agregó - disculpe, Mariana Pérez es mi nombre ¿y el suyo?

¿Una demanda? - pensó - ¿¿Una demanda a Dimash?? ¿Por qué habían llegado a tanto? En donde se había metido por dios… el imaginó cada hipotética situación antes de responder:

- Un gusto, Carlos es el mío - por si acaso alguna leyera las columnas de la Era y para no agregar confusión a la “algarabía” predominante decidió no agregar el apellido - y estoy… por un tema personal, necesito de la… asesoría de la doctora. Le ofreció una sonrisa tímida y se reclinó en la silla para dar por terminada la charla.

Pero esto recién empezaba.

- Vea que coincidencia... yo sigo un blog dedicado a Dimash, ¡el blog de La Era Dimash! en donde escribe un tal Carlos Rivadeneira, pero lo que pasa es que a veces me hace reír y a veces llorar y ya tengo suficiente con todo esto que estoy pasando con Dimash, y por eso la demanda ¿vio? si lo tuviera en frente le diría unas cuantas cositas a ese tal Carlos, ¡y a ver que se le ocurre decirme con respecto a este proceso! - paró para tomar aire y agregó - ¿¿usted no conoce a Dimash?? ¡Ahora se lo hago escuchar!

Charly, resignado a su destino, intuyó en su mente una canción en francés interpretada ante un auditorio chino…

- Mire - le dijo ella - esta canción se llama “SOS” y la cantó en un concurso llamado “The Singer”

Le ofreció el celular y él buscaba la manera de salir airoso

- Como le explico, yo no… o sea como le digo, en realidad no es que…

Quiso decir que no era que no lo conociera, pero otra mujer que estaba de pie con los brazos cruzados y la mirada encendida escuchó la conversación y se acercó decidida a interrumpirlo

- ¿Usted está diciendo que no le gusta Dimash? ¿¿O es de esos que dicen que “grita”?? ¡Nooo… ya sé! - subía los decibeles a medida que lo señalaba con el dedo - ¿¿¡¡Usted es de los que dicen: “apaga a ese chino que grita como loco”!!??  

Charly tragó saliva y se le ocurrió un vocablo redentor, la expresión clave del credo Dear:

- ¡no señora, tranquila! yo sé que… ¡no es chino! ¡¡Es kazajo!!

A la señora que lo increpaba, que a esas alturas ya temblaba de ira, de manera automática se le dulcificaron los rasgos y la tensión que crecía empezó a desaparecer.

Hasta que la secretaria que se preparaba un té de valeriana del tamaño de un jarrón de flores lo llamó con la voz quebrada.

- Señor Carlos Rivadeneira, dice la doctora María que pase.

La mujer que estaba a su lado lo miró a medio camino entre el asombro y la furia, y después de calcular la distancia que lo separaba de la puerta del despacho, corrió a toda velocidad.

 

……….

 

María se sobresaltó con el portazo de Carlos, que apoyado de espaldas en la puerta daba el aspecto de pretender impedir el ingreso de un monstruo imaginario. Se quedó unos segundos en esa posición y una vez seguro de sí mismo se acercó al escritorio y dijo:

- Como que están un poco revolucionadas las cosas ahí afuera ¿no?

Se saludaron como buenos amigos, ella le pidió que tomara asiento y extrajo una carpeta voluminosa que llevaba el membrete de “Será Justicia” ilustrada con una expresiva imagen de Dimash. Le agradeció por su visita y después de un lento suspiro le dijo:

- Te voy a ser honesta, necesito que me ayudes en este caso tan peculiar -  mientras distribuía por la mesa varios folios con información inherente al caso - tu experiencia como observador de este “fenómeno Dimash” me sería de gran utilidad en el proceso del expediente.

Charly se quedó sorprendido

- Mira Malena, podés contar conmigo para lo que desees, pero en el terreno de lo legal… ¿Cómo te colaboro?

- Ahí está el tema, ameritaría tu colaboración como… ¿asesor?, inclusive perito si querés, ya que tengo que probarle al juez la necesidad, de al menos, un recital en cada país con una fuerte participación Dear y lograr las garantías de un fallo favorable a tantas que no ven la hora de escucharlo en persona.

Con las manos entrelazadas, María aguardó expectante una respuesta y él le indicó que continuase.

- En este caso las testimoniales ya llevan un considerable tiempo pendientes pero muchas otras se habrán sumado en los últimos meses, y quizá, podrías realizar una recopilación de esas pruebas.

Charly pensaba en las novelas de policial negro y las películas de cine “noir” que disfrutó en su vida y le brilló la mirada  

- ¿Cómo una investigación privada?

En ese momento “Malena” supo que había captado su atención y no desperdiciaría la oportunidad

- Hmmm... exacto, como un investigador privado…

- ¡Mi sueño hecho realidad! ¡Temerario es mi segundo nombre!

Sin dudarlo accedió y tuvieron una plática para definir los términos de la indagación.

Tomó algunas copias del material disponible y lo adjuntó a una carpeta a la que bautizó como: “El Dimash Affaire”.

Antes de retirarse María le preguntó que pensaba con la inclusión del último recital como prueba fehaciente y Charly recordó el estreno de “Golden”.

Una enigmática sonrisa se le dibujó en el rostro y dijo: “¡obvio!”

Camino hacia la puerta se frenó en seco. Por muy “temerario” que fuese, una cosa era desafiar a puño limpio lo desconocido y otra bien distinta era enfrentar una tropa de Dears enardecidas. Se giró hacia la doctora y preguntó:

- Malena… por casualidad... ¿no tenés una salida de emergencia, no?...

 

 

Fin de la primera parte

 

 

Gracias a María Elena por invitarme una vez más a colaborarle en este proyecto y gracias a ustedes por acompañarnos con su lectura. En breve (y no digo “pronto” porque esa palabra le pertenece a ya saben quién…) la segunda entrega de esta “demanda de amor”.

Los esperamos en la próxima columna. ¡Saludos Dears!


viernes, 28 de mayo de 2021

VOTOS CONYUGALES - Por Carlos Rivadeneira

 


Había un sentimiento que consolidaba el matrimonio de María y José: el desprecio mutuo.

¿Cuánto era el tiempo necesario para depravar el alma y en consecuencia transitar como un par de entes apáticos que se retroalimentan de cada vicio y de cada perfidia floreciente, incrementados por los que se conocen demasiado? O lo que es peor aún, ¿Hasta qué cumbres oscuras se eleva esa perversión que resulta tan dañina como certera cuando se produce entre dos que en alguna oportunidad se amaron?

Votos matrimoniales que se tuercen y desfiguran a sus esponsales en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad.

Y hasta que la muerte los separe…

 

………

 

1- María y José

 

_ MI-LA-SI-RE-DO-SI-DO

María recitaba con el mismo entusiasmo y afinación de quien deletrea el abecedario. El accidente la había dejado recluida en una silla además de llevarse gran parte de su lóbulo frontal como casi todo su extenso vocabulario, porque la sección cerebral encargada del habla (conocida como área de Broca) había sido dañada sin reparo posible.

A diferencia de José, siempre fue una mujer que supo estremecerse en los brazos del arte, con las caricias de la música ante todo. Acaso por ello esas notas musicales subsistieron protegidas en la región temporal de su cerebro para actuar como un rústico sistema de expresión oral, único medio para transmitir emociones como la alegría… o el temor.

 

_ MI-LA-SI-RE-DO-SI-DO

Las nubes reflejaban en su tenebrosa carga gris el espíritu de José mientras el chillido de la silla y la perorata de su esposa le machacaban una consonancia persistente y fastidiosa. Suponía que aquella cháchara repetitiva que María pronunciaba no era otra cosa que alguna melodía aprendida en sus clases de piano.

Y en parte era cierto pero no del todo.

Nunca le interesó la música ni nada que tuviera que ver con ello, era un hombre básico en emociones, que por haber vivido entre los bastidores de un mundo de dígitos, valores y finanzas había dedicado sus dones al exclusivo arte de realizar dinero en cantidades suficientes para vivir holgado en lo económico y sin la más mínima empatía por los pobres imbéciles que perdieran los sueños además de la riqueza al haber depositado todo en sus inescrupulosas manos.

Sonreía ante el recuerdo de un joven José: apuesto, insaciable y sagaz.

Belleza

Ambición

Astucia

El cóctel psicopático de los dioses.

 

_MI-LA-SI-RE-DO-SI-DO

Un hilillo de saliva se deslizaba al ritmo de aquel mantra por las comisuras de la boca de María; lenta y viscosa protesta de un cuerpo maltrecho e inactivo que desde una íntima manifestación reclamaba por algún giro inesperado, liberador.

El pecho le quemaba con el deseo de exteriorizar la libertad que debió reclamar muchos años atrás, cuando aún el accidente no era otra cosa que un boceto indefinido en la bitácora de su destino y la torpeza de su corazón ya no le indicaba hacer lo contrario a sus relegados sentimientos, tanto tiempo sometidos a una balanza encargada de equilibrar las insuficiencias amorosas con el bienestar material, manipulada por una entidad fría, marmórea y tan ciega e ineficaz como la Justicia.

El regocijo que le permitió evacuar el coágulo que obstruía las arterias de su matrimonio infeliz llegó con el trino de una voz, fue como si sangre fresca respondiese la solicitud de oxigeno a un asfixiado corazón.

Encontró que otras personas alrededor del mundo legitimaban el efecto catártico derivado de aquella voz. La gama de testimonios iban desde el simple y puro deleite del arte en su máxima expresión al progreso paliativo de enfermedades con diferentes intervalos de experiencias, intercaladas de acuerdo a cada caso pertinente. Del proceso a través de las obras de ese intérprete, crecieron las alas que María necesitara para remontar vuelo hacia su autonomía y mediante una de esas canciones, prolongaría su ascenso hacia las alturas idílicas mientras que la vida vertiera con su cuenco el óleo dorado que destila del ensueño sobre el soplo de la memoria emotiva.   

 

_MI-LA-SI-RE-DO-SI-DO

José tomó de uno de sus bolsillos un paquete de pastillas de menta y se llevó una a la boca, estos dulces lo acompañaban desde que decidiera abandonar el hábito del cigarrillo por convicción propia y a fuerza de una voluntad admirable. Algún apoyo terapéutico podía intentar ayudarle a renunciar al vicio pero no a desistir de las malas costumbres.

Para ello se necesitaban cojones. Y para no conmoverse con el panorama ante sus ojos también.               

El paisaje exhibía una arquitectura natural digna de otro planeta, los colores que ostentaban las irregulares elevaciones variaban del azul a tonos grisáceos y rojizas extensiones que fundían sus tonos en depresiones anaranjadas y pendientes ocres que dependían de una caprichosa aparición solar. Tras fruncir su nariz, porque el aire debía haberse perfumado con notas de azufre para darles la bienvenida, se volteó para ver tanto a su esposa como a su vehículo y no le sorprendió hallar a ambos en una misma posición. No obstante su automóvil, a diferencia de su entumecida mujer, danzaba como un espejismo en la distancia. Estaban en un sitio vedado para casi todo tipo de turistas pero sus influencias le permitieron un acceso de privilegio. Un momentáneo resplandor en el cielo le llamó la atención y observó como los nubarrones que les escoltaron durante su travesía fluctuaban en un floreo misterioso de contraposiciones; porque si el arquitecto de aquel paraje untó sus manos con una complejidad de colores y relieves para luego frotarlas en la tierra, lo mismo emulaba el sol en una bóveda que intentaba plagiar el caos de belleza reinante a sus pies.

José pensó que paradójicamente en ese simulacro alfarero de la creación, tendría fin la vida de su mujer.

 

2- Keh’Did y Nak’Tly

 

Desde un tapete de constelaciones que le brindaban sosiego, Garuda escudriñaba el coliseo de bóvedas formadas con diminutos cristales de hielo, gradas de consistencia gaseosa y columnas de suspendidas gotas de agua. Atento a los incidentes que estaban por suceder desplegaba unas opulentas alas que amenazaban ocultar al sol. Las huestes espirituales que conformaban el tribunal elegido estaban al tanto que el dios de las aves se mantendría al margen en esta tragedia como en tantas otras oportunidades y no habría impedimento para que el grupo de insurrectos sufriera un castigo acorde a la transgresión infame de sus actos.

Se amaban con locura, y morirían por ello.


Entre el clan de los Cygnus, sobresalía el guerrero Keh’Did. Símbolos entrelazados aun más pálidos que su piel le enmarcaban el rostro y se prolongaban en los laterales de su cabello. Detrás de él, la comitiva de condenados bailaba la danza ritual de los exhaustos envueltos en túnicas carmesí que contrastaban con el níveo matiz de sus cuerpos alados y en sus delicadas plumas se realzaba el rocío que sus movimientos levantaban del lago enclavado en el centro de aquel traslúcido anfiteatro.

Próximo a su ser, Keh’Did sentía la suave ondulación de su razón de existir: Nak’Tly.

 

Una cascada de rizos color avellana se despeñaba desde su cabeza en caída libre mas allá de su esbelto cuello y de la curva de sus pechos en un celoso intento de contener la hermosura de sus rasgos. Nak’Tly levitó hacia Keh’Did, necesitaba una caricia de su amado para nutrirse del contacto con su piel, para oír el palpitar de su corazón. Quizá por una última vez.

Al abrigo de los brazos de Keh’Did, sus ojos azules presenciaron la aparición de figuras oscuras y feroces que se materializaban en el aire como un presagio de la inminencia de su desdicha, que una vez erguidos en su monstruosa apariencia esperaban entre resoplidos el permiso del tribunal para iniciar el hostigamiento.

El joven Cygnus aproximó su rostro a Nak’Tly y le dijo:

_Mírame a los ojos, estoy atado a ti y sin tu amor nada me es necesario, no concibo una soledad tan penosa como la que podría sufrir con la ausencia de tu calor. Como bien sabes, los Cygnus no pueden vivir separados, hare todo lo posible para mantenerte con vida aun a expensas de la mía – se tomó un momento para secarle las lágrimas con ternura – pero si no logro mi cometido dejaremos este plano uno en brazos del otro, porque nuestro amor no acabará.

A Nak’Tly le llegó una imagen distorsionada de Keh’Did, sus ojos empañados luchaban por atesorar la mejor versión de su fisonomía

_ Eres el alma de mis fantasías - le respondió ella – me tortura el corazón la sola idea de extrañarte, por favor, entrégate. Prolonga tu vida y desiste de esta insurrección, recuérdame en tus sueños e imagina que me tomas a mí y no a otra, cobíjame con tu amor y apresúrate para abandonarme a mi destino.

El negó con firmeza y sus instintos le permitieron resguardarla con velocidad en el momento que una cercana explosión seccionaba las alas de un miembro de su séquito.

 

Las descargas que fracturaban este ciclo privado del espacio y el tiempo encontraron un receptáculo varias dimensiones por debajo de aquel campo de batalla incorpóreo. Una tierra provista de formas y colores ambiguos en el mundo de los mortales funcionaría como vertedero de la sangre inocente derramada.

Un pavoroso temblor anticipó la resonancia de las trompetas celestiales y como un principiante atemorizado frente a una tarea desconocida, José aprendió a conmoverse con el sonido de una melodía.

 

3- Principio y Fin

 

El primer rayo impactó a una distancia alarmante.

La sorpresa que produjo en José dibujó en su rostro la misma expresión que tendría si un extraño le hubiese palmeado el trasero, no estaba acostumbrado a que lo tomaran desprevenido a ningún nivel jerárquico y sin importar que la procedencia de la humillación fuese de este mundo o no. Sonidos que no podía especificar pero que sugerían algún tipo de contienda vibraban desde un punto indefinido en el cielo.

Una segunda sacudida levantó piedras y arena que lo golpearon en la cara y retrocedió tambaleante hacia una dirección incierta para que su cuerpo fuese acogido por un nuevo sobresalto; una embestida como un tren fuera de control le pegó en el pecho y momentáneamente le concedió uno de sus escasos sueños: la habilidad de volar.

 

(Keh’Did estrujó el cuello de la bestia y ambos cayeron en medio de una prensa mortal que iniciaba su transgresión a otro estado de la materia, a otro campo de batalla. Con sus enérgicas alas planeó sobre un terreno árido y antes de impactar en el suelo le pareció ver a una dama en un carruaje monoplaza, decidido a evitarla modificó su curso y en esa alteración de rumbo un hombre de cabellos blancos fue víctima de su aterrizaje accidentado.

En el roce con ese humano se produjo un intercambio espontáneo, indefinible,  para que las cargas que apresuraban el amor y el odio en sus corazones encontrasen un equilibrio que los vinculara en los límites donde el terror oscila su péndulo entre la vida y la muerte.

Una alianza no implícita, una confusa parodia de la luz y la oscuridad hundida en una anarquía de improbabilidades, floreció en dos hombres igual de ardientes pero con pecados tan enemistados como el bien y el mal.)

 

Desde un punto de vista objetivo y metódico José había planificado sus vacaciones con lujo de detalles incluido el asesinato de su mujer, aunque en su itinerario no figuraba el choque de fuerzas desconocidas que pudiera costarle la vida.

Como tampoco contaba con una transferencia en sus sentimientos.

Con el torso adolorido, preso de la confusión quiso acercarse a María para corroborar su estado de salud, pero lo que ocurría varios pasos detrás de ella le congeló la sangre. Eso no era posible.

Un espécimen alto y bello como un semidiós, acaso dos metros por encima de una estatura estándar, le arrancaba la cabeza a una bestia negra de dimensiones aún mayores

_“¿Qué demonios está ocurriendo?...” –murmuró algo que se suponía solo escucharía él. Pero no fue así.

Keh’Did reconoció la palabra oscura y tras una corta carrera desplegó sus alas hacia José, pasó a vuelo rasante sobre su cabeza y se alejó en ayuda de otros congéneres.

José siguió con la vista las maniobras que Keh’Did ejecutaba, del cielo descendían columnas de fuego que con precisión quirúrgica trazaban figuras en la superficie y lo perseguían como cuando un niño cruel acecha a una hormiga con el ardor del sol a través de una lupa. El corazón de José saltaba encabritado y resuelto corrió hacia María, huirían de ese lugar, ya no importaba la enfermiza razón por la que había elegido aquel sitio, haría todo lo posible para mantenerla con vida aun a expensas de la suya.

 

(Los cañones descargaban impulsos escarlatas sobre el terreno y su cosecha era exitosa porque hendían la tierra y sembraban la muerte, el intento de resistencia de los Cygnus distaba de resultar alentador y Nak’Tly lo supo al ver que los cuerpos de varios sometidos adornaban con su descomposición esa colorida necrópolis. De repente la tomaron de su mano para llevarla en una carrera desesperada y reconoció a Keh’Did marchar a su lado, las fuerzas del guerrero mermaban y prefería reservar la energía de sus alas.)

 

El rigor de la batalla parecía desvanecerse junto a las explosiones que se derramaban como una lluvia rubí en derredor de José, el desenlace de la matanza de la cual fue testigo lo encontró derrumbado y con heridas que de a poco lo aproximaban a la muerte, una hemorragia interna le hizo expeler un chorro sanguinolento que le corrió por la camisa, y allí cayó en cuenta de que entre sus brazos sostenía el cuerpo sin vida de María.

La lividez de su rostro, la opacidad de sus ojos, el silencio de sus labios, la frialdad de su cuerpo y un corazón inanimado fueron la herencia que ella le confió en su regazo.

Le dejó todo.

Le fue fiel hasta el final. 

Recién entonces lloró tristemente porque sus asesinas intenciones se habían cumplido. Y también lloró para que su alma miserable recibiera una tardía redención: dejar ese plano, uno en brazos del otro.

El último beso que colocó en los labios de su mujer le supo tan dulce como el primero y al calor de una luz incandescente, un rayo feroz los barrió para siempre.

 

(Keh’Did luchaba por contener el llanto. Inclinado en la tierra sostenía a Nak’Tly que le miraba con una mirada asustada y vacía, con manos temblorosas recorría el rostro de su amado para moldearlo como el último de sus recuerdos. Un brillo le renovó el fatigado semblante y se iluminó con una efímera y desconocida expresión que desconcertó a Keh’Did. Ella le pidió que se acercara y el obedeció, lo miró con una expresión entre tierna y agradecida y le dijo con una extraña voz de armonía híbrida:

_ Keh’Did, ahora somos felices gracias a ti – y acercándose aun mas agregó - MI-LA-SI-RE-DO-SI-DO.

Lo besó con cariño, un halo radiante como el sol abandonó su cuerpo con el último aliento y murió en sus brazos.

 

Los Arcanos del tribunal se miraron estupefactos y alguien pregunto:

_ ¿¿Eso es óleo dorado?? - y atemorizado añadió - ¿maestro? ¿Qué signific…?

Nunca llego a completar la frase.

En ese momento Keh’Did liberaba un poder definitivo y devastador:

El Canto del Cisne.

 

 

Epílogo

 

La destrucción fue absoluta en la tierra y en el cielo.

El tribunal inquisidor, sus acólitos adulones y las criaturas oscuras fueron sacrificados a base del peor castigo: el destierro de la creación, la inexistencia incondicional.

Garuda, que era un dios de palabra, no había intervenido en un castigo que consideraba deplorable, pero esto no le impedía juguetear con los eventos adyacentes como la transmigración de los anhelos catastróficos que nacen en el corazón de humanos y seres sobrenaturales y desatan tempestades que no se ciñen a las leyes universales. En cuanto al tribunal y sus pérfidos integrantes habían recibido lo que merecían.

No hay nada que Garuda deteste más que las serpientes.

 

Desde la superficie de la Tierra, las energías inmateriales de Keh’Did y Nak’Tly volaban hacia otros lugares fusionados a dos almas deseosas de una segunda oportunidad.

Porque como bien se sabe, los Cygnus no pueden vivir separados.

 

 

Fin

. . . . . . . . .

 

En la provincia española de Huelva, Andalucía, se encuentra un lugar cargado de historia, misterio y belleza: las Minas de Riotinto. Su fantástico paisaje sugiere una semejanza con las imágenes que conocemos de las superficies tanto marciana como lunar y le confiere una extraordinaria fachada extraterrestre. Allí se grabó el video de la canción “Love of Tired Swans” (El Amor de los Cisnes Cansados) de Dimash.

 

A esa canción, por ser una de mis tres preferidas de Dimash, dedico este relato.

 

Algunas cuestiones a tener en cuenta:

·        La seguidilla de notas musicales que pronunciaba María corresponden a los primeros compases del estribillo de la canción.

·        El diálogo entre Keh’Did y Nak’Tly es una versión libre de la letra de la misma obra, adaptada obviamente a mis intenciones literarias.

·        El nombre de estos dos personajes surgen de la extracción de letras incluidas en un par de nombres que quizás les resulten conocidos: Dinmukhamed y Kanatuly...

Otras referencias las dejo a su libre albedrío con el propósito de no limitar vuestra imaginación.

 

Un especial agradecimiento para dos grandes amigos: a Martín Aguirre (¡Martincho!), exquisito compositor que con su amplia sabiduría me ilumina en cuanto a técnicas y comprensión musical; y a Juan Althabe (¡Juancho!), doctor especializado en traumatología que es mi asesor en el terreno de la anatomía, patologías, etc.

 

Este es el anteúltimo relato de “historias imaginarias” centradas en la figura de Dimash, gracias por su lectura, perdón por la extensión del mismo y los esperamos en la próxima columna.

¡Saludos Dears!