La Era Dimash (oficial)

Esta página se dedica a difundir la música, arte y cultura de Dimash Qudaibergen, el objetivo es que el mundo entero disfrute y comparta , no sólo su música, sino también su ejemplo de vida, valores y su integridad como ser humano.

miércoles, 13 de octubre de 2021

En la Búsqueda de un Nuevo Concepto (Primera parte) - Por Carlos Rivadeneira y Carmen Sandoval



 

¿Qué significa ser un “influencer”?

Una rápida investigación a través de Internet podría dar como resultado que tales personas son quienes poseen credibilidad y representación en las diferentes redes sociales, y como resultado de dichos criterios, entre cientos y millones de “seguidores” pueden tener acceso al contenido que propone cada celebridad, las cuales pueden pertenecer a esferas relacionadas a la política, el periodismo o las distintas ramas del arte. Claro que también encontramos a otros que de acuerdo a los conocimientos que engloban dentro de una materia específica, (supongamos, el cine) expresan sus ideas a manera de “comunicadores”. Lo cierto es que en cualquiera de los ejemplos mencionados existe una suerte de variables que pueden afectar de forma positiva o negativa a los espectadores, lectores, oyentes, admiradores, etc. de cada figura en cuestión y que esa relación entre emisor y receptor puede derivar en una influencia directa en la toma de decisiones y el comportamiento de un sector de la sociedad.

El poder que residía anteriormente en los grandes medios de comunicación ha encontrado en los micrófonos, los textos, las imágenes, los videos y las palabras de la generación actual nuevos exponentes que plantean formatos, perspectivas y puntos de vista que inundan las redes y transmiten un mensaje que puede ser bueno o… quizás no tanto.

Sin embargo... ¿Qué ocurre cuando una persona irrumpe en el medio y manifiesta una serie de características que parecían olvidadas? De hecho, ¿cómo podríamos definir a la “influencia” que genera esa misma persona al retrotraer valores y costumbres que exaltan la condición más lúcida del espíritu humano y se prolonga como un reflejo a otros alrededor del mundo?

¿Que definición se ajustaría a lo que provocó Dimash en quienes lo admiran?

 

 

La sugerencia de esta columna nace de una inquietud que, Carmen Sandoval desde Chile, me plantea de la siguiente manera:

“Si tenemos influencers que mediante su propuesta y popularidad llegan a un gran número de seguidores y producen diversos resultados, ¿existe la posibilidad de referirnos a Dimash en un término similar? O en todo caso, ¿se podría crear uno nuevo que simbolice su actividad?

Ante todo, conviene hacer una aclaración, no es intención de Carmen ni mía el comparar a Dimash con un influencer sino ilustrar, en base a ciertos paralelismos y diferencias, un concepto que se aproxime a su naturaleza y acciones.

Entonces, veamos...

 

 

Un Nuevo Mundo

 

Partamos de una afirmación propia: el mundo como lo conocíamos ya no existe.

Aquello que marcaba el ritmo de los intereses y la idiosincrasia para quienes hemos superado la barrera de los cuarenta, sencillamente ha desaparecido. 

El ingenio, el intelecto y la maduración se desarrollaban con pasatiempos bien diferentes de los establecidos en la actualidad. No había celulares, Internet estaba en pañales, las consolas de videojuegos eran costosas e infrecuentes, como también eran escasas las computadoras de escritorio y reservadas al ámbito laboral, no al hogareño. La televisión por cable y las primeras video caseteras eran otro lujo extra, las comunicaciones se limitaban a llamadas a través de un teléfono fijo, (considerado por muchos, hoy en día, como un aparato obsoleto) o en su defecto y de acuerdo a las distancias, mediante cartas escritas a puño y letra.

No podíamos relacionarnos en redes sociales que aun no se habían creado.

Los canales para el entretenimiento masivo eran propiedad de las emisoras locales porque faltaban muchos años para que apareciese un servicio de streaming que se llamaría Youtube, la música sonaba en un radio grabador o en un toca disco y no en Spotify, las fotos se alojaban en un álbum con folios transparentes o en una caja de zapatos, y no en Instagram ni en Facebook.

No Like. No Kwai. No Tik Tok.

Para los niños y preadolescentes esto parece ciencia ficción, pero no lo fue…

Lo cierto es que las emociones, sus derivados y la interacción con nuestro entorno (amigos, familiares, seres queridos, etc.) se transmitían en persona. Las limitaciones de aquel momento proponían en los distintos niveles de la cotidianeidad activar mecánicas que nos aproximaran para relacionarnos.

Asimismo, el arte desarrollaba sus talentos mediante atributos que acercasen, en un mismo sentido y con argumentos similares, a sus intérpretes y el público.

Por ejemplo, en muchos cantantes de la época hubo una imperiosa necesidad artística de brindarlo todo de sí en cada presentación porque:

1- Los estándares de calidad eran tan elevados en los diversos géneros musicales que precisaban diferenciarse del resto y resaltar su estilo.

2- Expresaban con sus voces un sello distintivo para que el oyente lograse de inmediato identificarlos y conectar con su música (digamos que al escuchar a Camilo Sesto o a Tom Jones, por citar algunos casos, no quedaban dudas de quien se trataba).

3- A esa variación de matices vocales distintivos le sumaban una excelente calidad interpretativa para transmitir la sensibilidad de aquello que nos estaban contando, enmarcada en composiciones que utilizaban recursos de una paleta musical elaborada.

4- Los conciertos en vivo tenían un valor importantísimo porque era una forma efectiva y directa de fortalecer los lazos con los admiradores, recibir el amor de esa multitud y retribuirles con un show a la altura de las expectativas que generaban una larga espera por una gira internacional, ya que en ese entonces no se podían ver sus recitales en ningún portal, ni descargar ese registro en vivo y en formato mp3.

¿Podríamos hacer una correlación entre Dimash y lo que acaban de leer?

Si.

En su persona cohabitan una combinación de posibilidades pertenecientes al pasado y al presente que, en parte, conformarían esa influencia que se origina en el criterio de cada nuevo Dear. Al emplear de manera refinada esos elementos que caracterizaron a las grandes voces de ese periodo musical genera una conexión emocional que nos traslada a una época en donde la música y el canto exponían cualidades prominentes.

1- A pesar de que no necesita diferenciarse (el panorama de la música actual es un tanto… mediocre) se esfuerza de forma constante para que su estilo sobresalga.

2- En un medio en donde muchas voces suenan casi idénticas a otras y no plantean originalidad, no hay ninguna manera de confundir su voz con la de otro cantante.

3- Su nivel interpretativo expresa infinidad de emociones que invitan al espectador a un paseo emotivo por canciones que varían en formas y desafíos admirables en el terreno de la composición.

Y llegamos en un punto de interés

4- A pesar de que dispone de una enorme cantidad de medios de divulgación para promover su obra, cada concierto es una experiencia sensorial en extremo a causa del despliegue incondicional que ofrece a su auditorio generando una comunión recíproca de sensaciones.

Una declaración de amor entre intérprete y espectador.

 

Dimash, en su integridad artística, recrea la excelencia del pasado en un presente que agradece sus propósitos y celebra su aparición en un tiempo en que el espectáculo se vale, casi con exclusividad, de herramientas que poco tienen que ver con la evolución del arte. 

 

Antes de pasar a una segunda cuestión, puntualizo una diferencia: no intento comparar la extraordinaria voz de Dimash a la de otros magníficos cantantes del pasado; en lo personal resultaría innecesario, artificial y excedería los límites de esta columna. Sólo acentúo que él utiliza y realza elementos que otras leyendas del canto aplicaron con maestría.

 

 

Las Apariencias (no) Engañan

 

Si decimos que Dimash nos aproxima a facetas de la música que han caído en desuso, para generar una nueva forma de influencia, sería necesario además explicar de qué manera se diferencia su exposición con respecto al resto de los artistas y cuán importante es… su imagen.

La belleza siempre ha formado parte del mundo del espectáculo.

Los hombres y mujeres agraciadas de la historia ocuparon el imaginario colectivo de generaciones enteras, de manera tal que muchas figuras trascendieron las barreras del tiempo para perpetuar su imagen entre los modelos arquetípicos de hermosura y sex appeal.

¿Es este atributo un agraviante que desmerece al talento?      

¡No! En lo absoluto. Las capacidades no están desapegadas de lo hermoso.

No tienen por qué estarlo.                                                   

En cualquier encuentro aleatorio frente a frente, el ariete de cualquier ser humano es su aspecto físico porque sin decir ni una palabra puede crear reacciones visibles que van desde lo químico hasta lo intelectual en quien lo observa, y ésta gracia se traslada a niveles ampliados cuando el propósito es nada menos que incentivar a la opinión pública.

Y que una persona tenga la posibilidad de vivir de su imagen es tan comprensible y lícito como los dividendos que genera en base a ese atractivo.

Ahora bien, si esa predisposición está relacionada sólo al modelaje tiene fundamentos consistentes: una preciosa modelo sonríe y presenta un producto de alto impacto. Simple

¿Pero que sucede con la actuación, la música y el entretenimiento televisivo?

El talento debería prevalecer, o cuando menos, asemejar a la belleza expuesta porque de lo contrario se disimularía en un envase impactante la pobreza de contenido, de cualidades ya sean artísticas o humanas.

Y aquí Dimash se diferencia por amplio margen...

 

No es incongruente asegurar que Dimash posee una constitución favorecida, y si no tuviese la altura, la elegancia, el cuerpo bien proporcionado y el rostro armónico que lo definen no tendría una misma llegada al público, la cual (y de acuerdo a lo detallado con anterioridad) es una legítima virtud puesta en función del espectáculo.

Lo absolutamente ridículo es creer que Dimash ES SÓLO ESO.

Una afirmación inconsistente y ante todo grosera circula en torno a un sector de las Dears y la definiré mediante eufemismos. Dice algo así como que: “Las Dears no son más que un puñado de señoras adultas que experimentan ardores a causa de un joven cantante”.

Inconsistente porque, suponer que esos “ardores” son un monopolio exclusivo de las edades mayores, constituye un error. Cualquier mujer joven puede sentir lo mismo por su objeto de deseo, no hace falta llegar a una edad determinada para experimentarlo. Una persona que opine en esos términos, además de ofensiva, se somete a creer que todos los procesos de reacción frente a una figura influyente son exactos e iguales a la normativa mediática.

Y eso es porque desconocen que hay algo más…

 

En cierto momento hubo un cambio que la comunidad Dear percibió con una leve preocupación, esa percepción luego se materializó para mutar en un sentimiento melancólico: Dimash delegaba el manejo de sus redes sociales a un tercero y en los acostumbrados posteos de sus fotos cesaban las publicaciones caracterizadas por su calidez…

Que sus admiradores presintieran que detrás de esas fotos no se encontraban el acercamiento y el carisma de Dimash, es un detalle... ¡asombroso! Y créanme que la magnitud de ese hecho cobró en mí una dimensión absoluta al momento de desarrollar las ideas para este texto. Por conocer y formar parte de otros fandom me arriesgo a decir que se trata de una situación extraordinaria y cuasi única que se hizo palpable en el sentimiento y la inquietud Dear, pero que nació de las sinceras intenciones de Dimash.

Lo que logra él es un tipo de influencia superlativa que trasgrede las restricciones de tendencias preconcebidas, (posteo una foto, incito tu imaginación y aguardo tus “me gusta”) porque el propio artista se encarga de crear un vínculo inherente entre su imagen y su identidad representativa para después transportarla a la sensibilidad del admirador, de manera natural y espontánea.

Y si preguntan mi opinión, es una cuestión fabulosa.

 

Se dice que una imagen vale más que mil palabras, ¿pero que podría decirse de una que provoca la necesidad de saber que, del otro lado, la esencia afectuosa del protagonista, se encuentra latente?  

 

Nos aproximamos al final de la primera parte de esta “búsqueda”, pero antes me permito un paréntesis para hablar con franqueza entre adultos.

Lo que destaco en la sección de las “apariencias” no es en desmérito de que Dimash resulte lindo, atractivo, sugerente o irresistible y despierte sensaciones a diferentes niveles de entusiasmo en su público, lo cual no tiene nada de malo. Como así tampoco que forme parte de fantasías románticas, de contextos de ensueño o de terrenos más íntimos. Todo queda a cargo de vuestra imaginación.  

Y es absolutamente normal.

En una próxima entrega intentaremos aproximarnos a esa definición que se ajuste a lo que produce Dimash y para ello analizaremos:

a) La línea de pensamiento de Dimash, su estructura y la prolongación de sus ideales como vehículo de influencia dentro del ánimo en las redes sociales

b) La proliferación de tendencias “influencer” dentro de la propia comunidad Dear (y si es que pueden ser así consideradas) y el protagonismo de Dimash y su naturaleza aplicada en dichas tendencias.

 

Gracias a Carmen por confiarme este proyecto y por supuesto a ustedes por leernos.

Los esperamos en la conclusión de “En la Búsqueda de un Nuevo concepto”.

¡Saludos Dears!    

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Canciones con historia: "Ave María" - Por Hilde Wöhler

 



*Editado por rectificación de la autora.


El Ave María que a partir de ahora quedará inmortalizada en el canto sublime de Di y a través de la cual Dimash Qudaibergen nos regaló para siempre su corazón y las poderosas emociones que habitan en su alma, fue compuesta en 1970 por el laudista, guitarrista y compositor ruso Vladimir Vavilov.

Dimash siempre sorprendiéndonos con sus propuestas artísticas increíbles. Cuando crees que ya no te puedes asombrar más, Di te eleva a otro nivel con un nuevo fenómeno mágico musical, maravillándote con su voz... creada por los Cielos y cantada desde las profundidades de su Ser, con su ingenio sin igual.

Como dijo en alguna entrevista Igor Krutoy "Dimash podrá tener 25 años, pero su cabeza no es de 25 años'.

La pieza musical" Ave María" cantada por Di, no es de Giulio Caccini, ni de Vavilov, sino del Sr. Igor Krutoy. Siendo la idea original de Dimash, que pudimos apreciar a inicios de Enero de este año, en un video de Lukpan, dónde escuchamos algunos acordes. 

Esta Ave María tiene la estructura de una obra barroca -o de transición del Renacimiento al Barroco- que imita el bajo continuo barroco y al mismo tiempo hace uso de una melodía y armonía clásica y romántica, e integra la técnica de la ópera bel canto llamada MESSA DI VOCE que ha existido desde el 1700.


Dra. Hilde Wöhler 

Dimash México

lunes, 9 de agosto de 2021

Demanda de Amor (Tercera y Última Parte) - JUICIO DE VALOR - Por Carlos Rivadeneira y Malena Fragoso.

 Juicio de Valor




 

1

 

¿Qué razones legales e incluso racionales tengo para tener en cuenta esta “demanda de amor”?

Me presento. Mi nombre es Heriberto Arrúa, me desempeño como juez en primera instancia y en plena función de mis ejercicios me encuentro en una disyuntiva mayúscula, carente de comprensión jurídica que me sitúa en un aprieto sin precedentes.

Tengo 63 años de edad, cuarenta de ellos casado, dos hermosas hijas y cuatro nietos, un varón y tres nenas, que nos visitan a mi mujer y a mí con una cierta frecuencia.

Mi familia matizó mi vida con la felicidad que todo hombre necesita, en ellos se encuentra la motivación que impulsó mi vida.

En ellos y en el esfuerzo que le brindé a mi carrera y en los años que invertí en granjearme una posición acomodada y sin necesidades materiales.

Dos bienes irreemplazables.

Mis energías y mi tiempo.

Por ello me conduje con la celeridad necesaria en cada caso que llegó a mis manos desde mi juventud hasta la actualidad y por ello me siento contrariado con éste en particular.

Además, ¿Qué demonios hace una demanda por amor en mi escritorio? ¡Dios! ya siento los coletazos de la migraña, ¿será por la úlcera en mi estómago? o podría ser por mi condición hipertensa, ¿quizá por mi cervical?, da igual…

 

Sonó el teléfono y detrás una voz que rugía.

- ¡Violeta! – la secretaria aceleró el paso, pero se asomó con temor por la puerta - necesito urgente un café… ¡no se retire, por favor Violeta! que sea bien cargado… ¡aguarde un momento Violeta! ¡Présteme atención! olvídese de mi diabetes y en lugar de esa sacarina venenosa tráigame bastante azúcar, y por favor Violeta… ¡tan pronto como le sea posible!

 

Continúo.

Veamos que tenemos por aquí... ¡cuánto material! La doctora Fragoso me envió una gran cantidad de pruebas incluida una peculiar carpeta con el título “El Dimash Affaire” ...

Por cierto, he ahí el nombre del acusado: Dimash Kudaibergen.

Varias fotos me dan un pantallazo sobre su fisonomía.

Bien... bien... luce muy joven, 18 o 20 años a lo sumo, aunque tratándose de una persona oriental (supongo) no sería extraño que fuese algo mayor.

¿Chino? ¿Coreano? 

Ahh perdón...

Kazajo.

Aktobé, Kazajstán, 24 de Mayo de 1994.

¡27 años! Lo dicho, esta gente se mantiene muy bien. Atractivo, por cierto, elegante y exótico, pero atractivo.

Disculpen, ¡Si Violeta, adelante!

- Aquí tiene su café, señor Arrúa, café cargadito y con algo de azúcar extra -la secretaria apoyó con cuidado el pocillo y no pudo evitar posar sus ojos en unas fotografías sobre el escritorio -

En realidad, la seducción provenía no de las fotos sino del protagonista de ellas.

- Que interesante... - dijo en voz alta - realmente interesante...

A sus oídos llegaron en dos oportunidades la pronunciación de su nombre como un eco distante, pero el tercer “¡VIOLETA!” le borró de un plumazo la sonrisa tímida y el ensueño.

- ¡Disculpe señor! Estaba... distraída...

- La comprendo Violeta, créame que la comprendo... - el juez tomó algunas fotos entre sus manos y se las extendió- dígame Violeta, ¿¿quiere que se lo envuelva para regalo??

Violeta rechazó la oferta porque, aunque tentadora, la mirada de Gorgona de su jefe amenazaba petrificarla en el lugar si aceptaba llevarse un retrato de ese atractivo joven.

Por si acaso, se retiró sin volver la vista atrás.

 

¡Así que esas tenemos muchachito! Lograste captar la atención de Violeta ¡nada menos! Hmm... Aguárdenme un minuto...

 

- Violeta, si otra vez yo, pero no se entusiasme…  no es a usted a quien necesito, dígale a Mariana de ordenanza que venga a mi oficina por favor.

 

Vamos a comprobar algo...

 

Al poco tiempo Mariana ingresó al despacho, y de manera conveniente, Arrúa acomodó las fotos sobre el escritorio y a un lado viejos papeles que desechó a propósito.

- ¿Cómo estas Mariana? Necesitaría que retires esos papeles por favor, estoy con mucho material y temo que se confundan con otros de vital importancia.

Él se dedicó a separar las pruebas de los diferentes sobres y carpetas sin dejar de observar de soslayo la actividad de la joven y ella luego de meter el deshecho en una bolsa plástica, tomó una franela de su bolsillo y comenzó a repasar un escritorio que no necesitaba una limpieza extra. Parecía dispuesta a deslizar el paño por todos los vértices para disfrutar de un paneo desde diferentes perspectivas de las bondades del demandado.     

Pero la experimentación llegaba su fin.

- ¿Sabes que Mariana? Tengo que felicitarte. Porque este escritorio lo dejaste impecable por la mañana y ahora da la sensación ¡de que pretendes dejarlo como un espejo! Y como ya tengo uno en el baño y supongo que tu tiempo es limitado como el mío, no quisiera que lo malgastes aquí. No quiero retenerte, podes retirarte.

- Si señor... yo... Cualquier cosa que necesite me avisa...

- Hoy no creo Marianita, andá nomás...

 

Permítanme que tome nota: “Fuerte influencia del demandado en base a su imagen, podría ocurrir que ejerciese un magnetismo considerable sobre el sexo opuesto”

Pues bien, jovencito, ya no me resulta usted tan inocente, tengo mis dudas, ¡mis serias dudas! Me recuerda a la fascinación que le provocaban las sirenas con su canto a los marineros.

Bueno... al fin y al cabo él es cantante ¿verdad?

Pasemos a esa cuestión. La doctora Maria Elena me recomienda utilizar auriculares y así lo haré. Son varios los enlaces, pero hay uno remarcado con énfasis: “presentación en el concurso de canto “The Singer”, llevado a cabo en China en el año 2017. Dimash canta “S.O.S.”, ¡la mejor voz del mundo!”

¡Si claro! ¡Y yo soy el “Juez Dredd”!

 Además, si lo demandan, tan bueno no puede ser... Se me ocurre una larga lista de “artistas” a demandar con esa prerrogativa, pero no vienen al caso...

Muy bien. Play. A ver jovencito. Sorpréndame si quiere tener una chance...

 

2

 

- Permiso señor, sé que una ensalada no es lo que prefiere, pero su esposa fue inflexible con el menú y usted sabe como se pone si... - el cadete se detuvo - señor... ¿se encuentra bien? ¿Le ocurre algo?, ehh... ¿está llorando?...

El señor Arrúa no escuchó entrar a Gerardo, de hecho, no se percató de su presencia lo cual lo obligó a limpiarse las lágrimas de un manotazo, en un fallido intento de ocultar su emoción.

- ¿¿Qué dijo Gerardo??

- Decía que... si es que se encuentra bien, porque lo veo... (Pensó decir “llorando” pero dijo “mejor no”) algo indispuesto...

- La verdad es que... debo tener algún problema con mis lagrimales, producto, quizás de alguno de los varios remedios que me veo obligado a ingerir...

- Ya me parecía extraño verlo llorar...

- ¡No sea insolente joven! ¿¡Que lloraba dice!?¿Usted esta loco? Escuche, ¡mondadientes con patas!, le digo, ¡le aseguro!, que si usted divulga habladurías en ese tono no tendrá la oportunidad de trabajar ni en este ni en ningún otro juzgado mientras yo viva. ¿Fui lo suficientemente claro?...

- ¡Disculpe señor Arrúa!, yo... me expresé mal...

- ¡Pero claro que lo hizo! ¡Retírese y no me traiga nada, perdí el apetito! ¡Fuera!

Pálido como una hoja en blanco, se retiró Gerardo.

 

¿Pero que me ocurrió? Ustedes sabían algo para lo cual yo no estaba preparado ¿verdad?

¿Qué fue eso? Digo... que... ¿cómo expresarlo?... ¿¡que es lo que acabo de escuchar!?

Denme un momento, ¿el pañuelo? ¡Acá está! ¡Pero si hasta se me cayeron los mocos, demonios!

A ver: Heriberto, ¿qué es lo que te pasa?

Me tomó desprevenido, puede que me haya disparado alguna conexión emocional, eso es todo ¡je! ¡Claro que sí!

Tengo que... ¡debo!, escuchar otra canción.

Veamos... tantas para elegir... alguna no tan apasionada...

¿Qué tenemos aquí?... presentación en vivo del mismo año: “Concierto de Bastau”.

Okey. Probemos algo distinto. Vamos Heriberto, ¡no me afloje, carajo!

Play. “Daybreak” …                                                                  

 

- ¿Violeta? disculpe no, pero…  por casualidad… ¿usted no tiene pañuelos descartables?...

 

Esto no es normal. Para nada.

Y no me vengan con el palabrerío económico de: “Díganos Heriberto, ¿Qué es normal y que no lo es?”

Me refiero a normal en cuanto a cotidiano, a frecuente, a ordinario, ¡en cuanto a posible incluso! Pero lo de este muchacho supera mis expectativas, mis conocimientos y mi entendimiento. Estoy ante una faena extraordinaria y por lo tanto me predispongo a emplear métodos infrecuentes en mi labor para entender los motivos de la demanda, los cuales creo empiezan a tener un sentido tan profundo y sensible como inesperados.

Supongo que necesitaré adentrarme por completo en este mundo.

En SU mundo.

¿Por dónde empezar? Es indistinto, sospecho que cada canción debe ser igual de excelente que su predecesora.

¿Algún tipo de recomendación?

¡helloadagioyour loveel amor de los cisnesotoño tardiodaididaui miss you!

¡Esperen!

De a una porque no les entiendo nada… ¿Cuál?...

Puede ser… suena interesante, recuerden que todo esto es nuevo para mí.

Bien, Dimash.

Ahí vamos de nuevo.

Play. “Sinful Passion”.

 

 

 

3

 

Y ese día, el juez Heriberto Arrúa se sumó a las filas Dears sin darse cuenta, como prácticamente todos ellos.

El tiempo dejó de ser un condicionante, la impresión causada en cada nueva reproducción lo llevó a navegar por aguas cristalinas y a volar por cielos radiantes de una belleza sin igual. El tiempo y el espacio fueron sometidos al propósito de emociones adormecidas que despertaron en renovados sentimientos.

Una canción lo llevó a otra de la mano por experiencias que le cosquillearon en el estómago, como si de un amorío juvenil se tratase.

Se sentía enérgico y pensó: “¿por qué no utilizarlas en el momento adecuado?, ¿Por qué monopolizar las energías en función de estrictas responsabilidades y no emplearlas también en el regocijo del espíritu?” Llamó a la doctora María Elena y sostuvieron una charla entusiasmada, de hecho, ella hubo de contenerlo porque Heriberto atravesaba ese “primer amor” frente al arte de Dimash y se expresaba maravillado mediante una andanada de elogios.

Se comunicó con otros colegas y su énfasis causó estragos. Las opiniones tomaron diversas direcciones y matices, pero en algo coincidieron todos: en la perplejidad. Nadie estaba preparado para una versión del juez Arrúa tan apasionada y libre de estructuras.

Gran parte de lo que quedaba del día lo dedicó a la lectura de los testimonios y se sorprendió a sí mismo al escucharse rematar en voz alta algunas de las apreciaciones Dears recopiladas y desde la ubicación de su secretaria se le escuchó decir: “¡claro que sí!” o “¡estoy totalmente de acuerdo!”.

“¿Porque no efectivizar una demanda (por amor) que indicaba en los procesos judiciales un antes y un después?” pensó “¡si al fin y al cabo estamos ante un artista que desde su enorme talento plantea lo mismo en la historia de la música con su voz!”

“Debería Dimash comparecer ante una resolución judicial firme que le permita a cada Dear del mundo tener la posibilidad de verlo actuar en vivo mínimamente una vez en un término que no supere los dos (2) años entre recitales en cada sitio demandante. Será una tarea difícil, ¡pero no imposible! Haré cuanto pueda por llevar adelante este dictamen”.

También se permitió una cantidad de risotadas al leer el “Dimash Affaire” y supuso que, en varios pasajes, el señor Rivadeneira solo habría exagerado la nota. No creía que las Dears pudiesen ser tan vehementes…

 

Dicen que le vieron retirarse con una alegría inusual, que saludó a personas que jamás tuvo en cuenta, que por los pasillos se le oyó canturrear algo que decía: "¡we are, we are, we are... golden!”, que una sonrisa cómplice le suplantó el gesto adusto y que al pasar junto a Gerardo lo palmeó en el hombro y agregó: “disculpe por mi dura reacción. Y.… le agradezco por preocuparse, ¡continúe así!”. Todos coincidieron en que se encontraban frente a una versión alternativa y preferible del juez Heriberto Arrúa.

 

Y entrada la tarde, e instalado en su hogar, recibió la visita de su familia.

Su mujer les comentó a sus hijas el cambio en su marido, le veían contento y con un brillo especial en los ojos. Él observaba los rituales que anticipaban la velada familiar y desde su sillón preferido le pareció ver en esos mecanismos cotidianos la magia momentánea que se prolongaba como una extensión de los eventos ocurridos en su interior.

Porque su familia no “matizó” su vida con felicidad, sino que la impregnó de ella.

Porque en realidad, su tiempo y sus energías fueron bienes “funcionales”, los cuales debieron ser dosificados en el momento y la forma correcta con inteligencia y coherencia.

Y porque sobre otras cosas de grandísimo valor, la trilogía irremplazable de su existencia fueron su mujer, sus hijas y sus nietos.

El sonido de la vajilla, el entrechocar de botellas al depositarlas en el refrigerador, las ollas y los utensilios que resonaban en la cocina, el agua hirviendo, todo le sonaba a cadencia musical. Y las voces, las risas, las conversaciones y los susurros de chicos y grandes, le recordaban en ese contraste de vocablos, el misterio de tonos que encerraba la voz de Dimash.

 

Luciana, la más joven de sus nietas, se acercó preocupada al ver lágrimas en el rostro de su abuelo

- ¿Qué pasa abu? ¿No te sentís bien?

Heriberto le respondió con una sonrisa para tranquilizarla

- No amor, está todo bien. Vení, sentáte, - dio unos golpecitos en el asiento contiguo y suspiró acongojado - sentáte que te cuento…

 

 

 

Fin

 

 

 

Así concluye la saga denominada “Demanda de Amor”.

Gracias a “Malena” Fragoso por confiarme sus ideas y permitirme una total libertad creativa para realizar los relatos.

Y como siempre, gracias a ustedes por estar del otro lado.

¡Saludos Dears!

domingo, 11 de julio de 2021

Demanda de Amor II "El Dimash Affaire" - Por María Elena Fragoso y Carlos Rivadeneira

 

Segunda parte: “El Dimash Affaire”




Mi nombre es Lee Majors.

Las volutas de humo del cigarrillo que sostengo no hacen otra cosa que acrecentar las penumbras y la dificultosa definición del amoblado en la semioscuridad de la pocilga que me sirve de oficina. Ni mis años como investigador ni la amistad que me une a Malena Fragoso debieron suponer un compromiso, si hubiese sospechado las incidencias que me llevarían a decodificar una trama tan sombría e inesperada en el corazón del mundo Dear. Varios días de pesquisas fueron suficientes para: recabar toda la información solicitada, acceder al testimonio de cientos (por no decir miles) de implicadas y preparar un informe detallado y escrito bajo el nombre en clave de: “El Dimash Affaire”.

Lamento ser el heraldo de la revelación que me ha sido concedida, y lo lamento por Dimash, del cual me declaro un ferviente admirador, pero en esta oportunidad temo decir que las Dears, van por todo.

Y porque no confío ni en mi sombra es que estoy aquí, en este lugar recóndito y preparado para lo peor. Me parece oír pasos dubitativos (¡los aguardo rufianes, vengan por mí!) y ha de saberse que si este es mi destino final, también puedo asegurar ¡que no será solo el mío!

 

(Nota del editor: Querido lector hay muchas y muy grandes exageraciones en este primer párrafo:

No solo que no se llama “Lee Majors” (además de que esta muy, pero que muy, muy lejos de parecerse al actor estadounidense) sino que tampoco es detective.

Es Carlos Rivadeneira.

Ni tampoco está en juego la vida de nadie, simplemente esta juntando la evidencia que la doctora Fragoso le pidió en la primera parte de la “demanda de amor”- que supongo habrán leído-, y gracias a dedicar parte de su adolescencia a la lectura y el cine considerado “policial negro” y que tiene una imaginación muy activa es que se cree un investigador.

Y el nombre Lee Majors le gustó toda la vida por como suena. Sencillo.

Solo síganle la corriente y disfruten de la lectura, ¡pueden continuar!)

 

 

 

En las Entrañas del misterio

 

Hubo ciertos inconvenientes desde el inicio a causa de las diferentes locaciones de las potenciales testigos, en especial por lo distanciado que estaban unas de otras.

Muchas Dears = muchos países.

Utilicé el dinero que la doctora me facilitó a modo de adelanto por mis servicios para viajar hacia los casos allegados a mi decrépita oficina y en los que se encontraban radicados en el extranjero me dediqué a registrar las declaraciones, después de averiguar los números correspondientes, vía llamada telefónica e incluso mediante video conferencias. A continuación relataré algunas entrevistas que en un primer momento despertaron mi interés para luego llevarme hacia el estupor que despiertan las verdades ocultas. Por convicción propia he de mantener reservada la identidad de las distintas protagonistas, que serán reveladas únicamente para la evaluación del expediente completo y en manos de la abogada pertinente.

 

Testimonios

 

Dear 1: Ésta Dear radicada en Chile se expresaba con vehemencia y se sumó a la demanda casi sin pestañear. (¡Parecía que esperaba mi visita!)     

No conforme con su postura planteó exigencias a nivel “sudamericano” (mini giras regionales y cosas por el estilo) y celebró la idea de una demanda “colectiva”. El registro de la conversación por video mostraba una habitación y frente a una cama pude entrever el póster de un sugestivo y sonriente Dimash (que si supiera de los eventos que se desarrollaban, se borraría su sonrisa y no se vería tan confiado...)

Dear 2: Aquí la Dear se sorprendió con mi consulta (¡Wow!) y acto seguido declaró su acuerdo con la demanda. Y agregó una denuncia extra: ¿cual seria la figura delictiva ante un posible matrimonio de Dimash y la consabida devastación en el ánimo de la Dear? (“¡peligro!” pensé y me escabullí como un maestro ninja). Cuando la abandoné sin que se diera cuenta, aun se contradecía en voz alta al confesar que a lo mejor debiera perdonarlo, porque en rigor de la verdad... podría ser su madre.

Dear 3: Lo “ocurrente” de mi propuesta dio paso al frenesí que llevó a esta Dear de “demandante” a convertirse en “juez y jurado”. En un rapto de pasión desmedida idealizó un castigo: la sentencia seria efectiva (“¡marche preso!” según sus palabras) mas aun, en los limites de la demencia procesal, lo sentenciaría a cumplir condena bajo la estricta custodia... ¡de las propias Dears! (Antes de huir de aquel lugar. imaginé a Dimash con traje a rayas y custodiado por millones de guardia cárceles que con vinchas luminosas inspeccionaban la condena del convicto, celular en mano. Y entre lagrimas, obvio.)

Dear 4: La Dear me recibió y sostuvo su diálogo como si estuviese ensayando su reacción en un concierto de Dimash.

O sea, a los gritos.

_ ¡SIENTO LAS MISMAS EMOCIONES! ¡UN RECITAL EN LA CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES YA! (y para no perder tiempo evitó la redacción de la demanda y pasó directo al castigo) ¡QUE SE CUMPLA LA CONDENA!

Dear 5: Con este testimonio puse en tela de juicio a mi cordura.

La Dear quería adosar al expediente (y cito textual): “daño colateral por dominar a tantas personas a la vez” (¿¡poseía Dimash poderes supresores!?) y “sumergirlas en un estado paranoico” (¿acaso también pretendían acusarlo de hacedor de obsesiones? ¡Corre por tu vida Dimash!) Salí a toda prisa como si llevase la muerte en los talones y hasta que la perdí de vista, la Dear me corrió varias calles al grito de: ¡SERA JUSTICIA!

 

La adherencia a la causa fue masiva, muchas coincidían en respuestas y en una reacción en particular a mi indagatoria. Después de presentarme con mi credencial de La Era Dimash, me atendían con amabilidad pero al ser notificadas de la situación y transitar ese vaivén efervescente en el espíritu Dear, contestaban un escueto: “ME SUMO A LA DEMANDA” (en tono neutro) y procedían a cerrarme con menos delicadeza la puerta en la nariz como si yo fuese culpable del choque de trenes emocional que les provocaba Dimash.

Recuerdo una situación que me puso en los límites de la vida y la muerte.

 

Amanecer de una Noche Agitada

 

Viernes. Bien entrada la tarde. Calle mal iluminada. La dirección en el arrugado papel que extraje del bolsillo era poco legible pero me confirmó la ubicación en la fachada de la residencia que tenía en frente. De mis espaldas, en una esquina en diagonal, provenía el delicioso aroma desde un local sin comensales (a excepción de un enjambre de moscas) con una enorme parrilla al aire libre que llevaba por nombre “Parripollo: El Chancletazo”.

En la vivienda timbre no había. Aplaudí primero con timidez y luego con violencia en parte para defenderme de los mosquitos sedientos de mi sangre, pero ningún movimiento me dio la bienvenida. La verja que separaba al terreno de la acera era baja y creí ver a la distancia, en la entrada de la casa, el timbre ladino que todo el tiempo se estuvo ocultando de mí. La puerta de rejas no ofreció resistencia e ingresé en el patio, camino a la entrada principal, rodeado por las sombras.

No sabía cuan verdadera y siniestra era esa metáfora de las oscuridades.

No fue uno, sino varios los gruñidos que me recibieron y en el momento que la notificación de MTV declaró el inicio de la competencia desde mi celular a todo volumen, empezó la cacería.

Siempre fui consciente de la importancia de una vida saludable, y agradezco ejercitarme con frecuencia, pero ese día batí todos los récords y me sorprendí  con habilidades desconocidas en mi persona.

A la reja que me impedía llegar a la calle la atravesé con un salto limpio, creo que ni apoyé las manos. El problema fue que los perros (entrenados por su dueña para espantar visitas en horario del “Request Dimash”) también hicieron lo propio y me perseguían como si llevase en mi cuerpo una apetitosa remera que decía “¡Arashi sos lo más grande que hay!” o “¡SB19 te quiero con mi vida!”. Crucé sin mirar, mis aullidos eran más horrendos que los de la jauría feroz a mi retaguardia y con el impulso endemoniado de mi huída pegué un salto ornamental para encaramarme a un árbol.

Un vecino se preguntaba: “¿Dónde dejó la garrocha?” al tiempo que yo me abrazaba del tronco como un marinero a una balsa en un naufragio. Con habilidad felina trepaba inspirado en la fortaleza del puma y en un arrebato juvenil abandoné mi veteranía por culpa de la desgracia que manchaba mi orgullo y mi vestimenta. A pesar de la vergüenza, revelo que dejé escapar el gimoteo de un niño y ascendí con los pañales tan sucios como los de un bebé. Escalé hasta una rama alta que se arqueó con mi peso hacia un edificio que me resultaba familiar y temí lo peor...

El parripollo el “chancletazo”.

Su asador incandescente se ofrecía a cobijarme al calor de las brasas con la culinaria intención de cocinarme el alma y las ancas, y para no engrosar mi desdicha me aferré con tal ímpetu que mis huellas quedaron grabadas en el cuerpo del árbol.

Y en esa posición, oculto en el follaje, esperé tres horas.

Para cuando bajé de mi escondite, (medio crocante debo señalar) si es que permanecía algún perro en las cercanías, debió huir despavorido de mi presencia maloliente. Me aproximé cuanto pude a la casa de la Dear, (hasta cierta distancia de la reja) que reclinada en una reposera se masajeaba las manos en un cuenco con agua helada y tras una breve conversación aceptó sumarse a la demanda.

Por razones obvias regresé a pie hasta mi oficina.

Una confesión: desde aquella noche decidí extremar las prevenciones para mi protección física, y por cierto, no he vuelto a ser el mismo.

Ni mi ropa interior tampoco.

 

Triste, Solitario y Final

 

En tus manos, Malena, se encuentra la absoluta veracidad de los claros propósitos de las Dears. La demanda cuenta con un apoyo denodado (¡temible incluso!) sin precedentes, tanto así, que supongo creará un verdadero caos en lo jurisprudencial. Aguardo recluido en mí guarida a la espera de algún ataque sorpresivo y definitivo (¡disparen cretinos! ¡Yo ya estoy muerto!) E imploro te resguardes en tu buen criterio para que nadie, excepto el juez, tenga acceso a este informe por el cual lo he dado casi todo...

 

..........

  

A ese principio de economía procesal (inicio de la demanda, presentación de testimonios, datos de los posibles testigos, prueba documental, etc.) la doctora Maria Elena Fragoso agregó el informe enviado por Carlos como una “ampliación de prueba documental” para ser presentado cuanto antes, de manera que el juez lo tuviera en su poder y en base a ello analizara todo el conjunto. Después de llamar a su secretaria para que enviara el paquete al juzgado, se sacó los lentes, se acomodó en la silla y reflexionó intranquila sobre lo que acababa de iniciar.

 

La demanda de amor, era un hecho.

 

 Fin de la segunda parte

 

 Gracias a los Beatles por su “A Hard Day’s Night” (anochecer de un día agitado), a Raymond Chandler por sus novelas policiales, a Osvaldo Soriano por su “Triste, Solitario y Final”, a Malena Fragoso por confiar una vez más en mis desvaríos y a los que siguen esta saga, que en la próxima entrega llega a su desenlace.

Como siempre, los esperamos. ¡Saludos Dears!

viernes, 25 de junio de 2021

Demanda de Amor Primera Parte: ¿¡En que me metí!? - Por María Elena Fragoso y Carlos Rivadeneira

 

Demanda de Amor

 

Primera Parte: ¿¡En que me metí!?




El despacho de la doctora Fragoso resplandecía con la luz solar que ingresaba por unos amplios ventanales a sus espaldas e iluminaba aquel día de actividad inusual. Frente a sí, dos mujeres le describían testimonios con la finalidad de complementar la información necesaria para continuar con la demanda iniciada contra… Dinmukhamed Kanatuly Kudaibergen.

Una de las mujeres estaba algo furiosa. Y la otra aún más.

De hecho, en la antesala que servía de recepción, la secretaria de María Elena debía lidiar con una cantidad de numerosas “testigos” que se habían apersonado con una misma motivación, con estallidos emocionales que iban de forma paulatina del llanto desconsolado hacia recriminaciones fogosas y de ahí retrocedían a sonrisas conciliatorias para volver a la carga con gruesas lágrimas de reproche.

Un pandemonio emocional se había desatado en las oficinas de la doctora María Elena Fragoso.

Y entonces sonó el timbre.

 

……….

 

Alguien desde el departamento de Maria Elena pulsaba el portero eléctrico como si quisiese expresarse a través del código Morse, el sonido resonó varias veces a pesar de que él ya tenía la puerta entreabierta para ingresar al edificio, parecían bocinazos histéricos en medio de una avenida.

Fue lo primero en llamarle la atención.

El segundo encuentro llamativo fue cuando estuvo a punto de golpear la puerta de la oficina y se detuvo a causa de una serie de lamentos e increpaciones procedentes del interior y se preguntó por qué lo habría citado María en un momento que no parecía el más apropiado…

No tuvo tiempo a responderse.

La puerta se abrió como por arte de magia y el bullicio que una veintena de mujeres creaba se detuvo por obra del mismo artilugio, el silencio suspendido en el aire lo abandonó en el centro de todas las miradas: algunas lo miraban con cierta vergüenza, otras con un recelo inquisidor y la secretaria, parapetada tras el escritorio, pidiendo clemencia.

Charly sintió que la prevención crecía en su interior y el recuerdo de un cuento fantástico le hizo verse tan pequeño como un enano en tierra de gigantes.

 

……….

 

María despidió a las testigos y les pidió con amabilidad que aguardasen en la sala de espera. Se dirigió a su escritorio y una vez sentada le solicitó a la recepcionista que no permitiera el ingreso de nadie por unos momentos, necesitaba poner en claro las ideas y pensó: “¿¿en qué me metí??”

Luego del receso judicial del mes de enero la demanda hacia DQ contaba con la aceptación del juzgado y ahora tendría que estudiar cada prueba adjuntada al expediente. Asimismo, se preguntaba si el juez que hizo lugar a la demanda sabría en realidad quien era Dimash, ¿lo habría oído cantar?, porque Dimash estaba en una categoría más allá de lo imaginado: entre lo mundano y lo profano, entre el sueño y la realidad.

En sus manos sostenía el cuestionario de la prueba testimonial:

·        ¿cómo conoció a Dimash?

·        ¿en qué circunstancias?

·        ¿cuál fue su reacción?

·        ¿su grupo familiar como lo recibió?

·        ¿notó algún cambio en usted?

La forma en que debía encarar el interrogatorio también le planteaba un enigma porque ella era una ferviente admiradora de Dimash y le ocurría un mismo sentimiento que a las demás Dears: una euforia que se apropiaba de su ser al escuchar esa voz la transportaba de la alegría al llanto y le establecía una inmensidad emocional en el alma.

Se froto los ojos y pensó de nuevo: “¿en qué me metí?”.

 

……….

 

“¿¡En qué demonios me metí!?” se preguntaba Carlos.

Se hallaba atrapado en un asiento en medio de dos mujeres que por momentos discutían de forma acalorada y por momentos se consolaban mutuamente entre sollozos. Era muy observador y todo le indicaba que estaba en presencia de Dears: las fundas personalizadas, algunas remeras, la música que sonaba en los tonos de celular e incluso alguna intrépida que llevaba una vincha con antenitas que terminaban en forma de corazones y el nombre “DIMASH” en el centro que Charly, creía con certeza, brillaba en la oscuridad.

Y parecían un poco alteradas así que prefirió mantener un sensato silencio. Hasta que una de las mujeres a su lado le preguntó:

- ¿usted también está aquí por la demanda a nuestro príncipe kazajo? - se detuvo y con una franca sonrisa agregó - disculpe, Mariana Pérez es mi nombre ¿y el suyo?

¿Una demanda? - pensó - ¿¿Una demanda a Dimash?? ¿Por qué habían llegado a tanto? En donde se había metido por dios… el imaginó cada hipotética situación antes de responder:

- Un gusto, Carlos es el mío - por si acaso alguna leyera las columnas de la Era y para no agregar confusión a la “algarabía” predominante decidió no agregar el apellido - y estoy… por un tema personal, necesito de la… asesoría de la doctora. Le ofreció una sonrisa tímida y se reclinó en la silla para dar por terminada la charla.

Pero esto recién empezaba.

- Vea que coincidencia... yo sigo un blog dedicado a Dimash, ¡el blog de La Era Dimash! en donde escribe un tal Carlos Rivadeneira, pero lo que pasa es que a veces me hace reír y a veces llorar y ya tengo suficiente con todo esto que estoy pasando con Dimash, y por eso la demanda ¿vio? si lo tuviera en frente le diría unas cuantas cositas a ese tal Carlos, ¡y a ver que se le ocurre decirme con respecto a este proceso! - paró para tomar aire y agregó - ¿¿usted no conoce a Dimash?? ¡Ahora se lo hago escuchar!

Charly, resignado a su destino, intuyó en su mente una canción en francés interpretada ante un auditorio chino…

- Mire - le dijo ella - esta canción se llama “SOS” y la cantó en un concurso llamado “The Singer”

Le ofreció el celular y él buscaba la manera de salir airoso

- Como le explico, yo no… o sea como le digo, en realidad no es que…

Quiso decir que no era que no lo conociera, pero otra mujer que estaba de pie con los brazos cruzados y la mirada encendida escuchó la conversación y se acercó decidida a interrumpirlo

- ¿Usted está diciendo que no le gusta Dimash? ¿¿O es de esos que dicen que “grita”?? ¡Nooo… ya sé! - subía los decibeles a medida que lo señalaba con el dedo - ¿¿¡¡Usted es de los que dicen: “apaga a ese chino que grita como loco”!!??  

Charly tragó saliva y se le ocurrió un vocablo redentor, la expresión clave del credo Dear:

- ¡no señora, tranquila! yo sé que… ¡no es chino! ¡¡Es kazajo!!

A la señora que lo increpaba, que a esas alturas ya temblaba de ira, de manera automática se le dulcificaron los rasgos y la tensión que crecía empezó a desaparecer.

Hasta que la secretaria que se preparaba un té de valeriana del tamaño de un jarrón de flores lo llamó con la voz quebrada.

- Señor Carlos Rivadeneira, dice la doctora María que pase.

La mujer que estaba a su lado lo miró a medio camino entre el asombro y la furia, y después de calcular la distancia que lo separaba de la puerta del despacho, corrió a toda velocidad.

 

……….

 

María se sobresaltó con el portazo de Carlos, que apoyado de espaldas en la puerta daba el aspecto de pretender impedir el ingreso de un monstruo imaginario. Se quedó unos segundos en esa posición y una vez seguro de sí mismo se acercó al escritorio y dijo:

- Como que están un poco revolucionadas las cosas ahí afuera ¿no?

Se saludaron como buenos amigos, ella le pidió que tomara asiento y extrajo una carpeta voluminosa que llevaba el membrete de “Será Justicia” ilustrada con una expresiva imagen de Dimash. Le agradeció por su visita y después de un lento suspiro le dijo:

- Te voy a ser honesta, necesito que me ayudes en este caso tan peculiar -  mientras distribuía por la mesa varios folios con información inherente al caso - tu experiencia como observador de este “fenómeno Dimash” me sería de gran utilidad en el proceso del expediente.

Charly se quedó sorprendido

- Mira Malena, podés contar conmigo para lo que desees, pero en el terreno de lo legal… ¿Cómo te colaboro?

- Ahí está el tema, ameritaría tu colaboración como… ¿asesor?, inclusive perito si querés, ya que tengo que probarle al juez la necesidad, de al menos, un recital en cada país con una fuerte participación Dear y lograr las garantías de un fallo favorable a tantas que no ven la hora de escucharlo en persona.

Con las manos entrelazadas, María aguardó expectante una respuesta y él le indicó que continuase.

- En este caso las testimoniales ya llevan un considerable tiempo pendientes pero muchas otras se habrán sumado en los últimos meses, y quizá, podrías realizar una recopilación de esas pruebas.

Charly pensaba en las novelas de policial negro y las películas de cine “noir” que disfrutó en su vida y le brilló la mirada  

- ¿Cómo una investigación privada?

En ese momento “Malena” supo que había captado su atención y no desperdiciaría la oportunidad

- Hmmm... exacto, como un investigador privado…

- ¡Mi sueño hecho realidad! ¡Temerario es mi segundo nombre!

Sin dudarlo accedió y tuvieron una plática para definir los términos de la indagación.

Tomó algunas copias del material disponible y lo adjuntó a una carpeta a la que bautizó como: “El Dimash Affaire”.

Antes de retirarse María le preguntó que pensaba con la inclusión del último recital como prueba fehaciente y Charly recordó el estreno de “Golden”.

Una enigmática sonrisa se le dibujó en el rostro y dijo: “¡obvio!”

Camino hacia la puerta se frenó en seco. Por muy “temerario” que fuese, una cosa era desafiar a puño limpio lo desconocido y otra bien distinta era enfrentar una tropa de Dears enardecidas. Se giró hacia la doctora y preguntó:

- Malena… por casualidad... ¿no tenés una salida de emergencia, no?...

 

 

Fin de la primera parte

 

 

Gracias a María Elena por invitarme una vez más a colaborarle en este proyecto y gracias a ustedes por acompañarnos con su lectura. En breve (y no digo “pronto” porque esa palabra le pertenece a ya saben quién…) la segunda entrega de esta “demanda de amor”.

Los esperamos en la próxima columna. ¡Saludos Dears!